martes, 1 de abril de 2014

Mercé, dilette amiche (1974, Año X)

"La mejor actuación de mi carrera" (M. Caballé)
"Uno puede, con una mujer de tanto talento, llegar a un gran nivel de tragedia en el arte lírico, y eso pasó con Norma.

Creo que esta representación fue decisiva en su carrera, porque todo estaba allí. La noche del estreno había un Mistral enorme, que soplaba furioso... pero ella decidió vencer la fuerza de los elementos...

Era como una diosa en medio del viento, cantando con los velos flotando... Es muy difícil ver y escuchar eso sin sentir en el interior una conmoción artística y musical total. 

Pocas veces se ha estado tan cerca de la perfección".





HOLA AMIG@S, QUÉ rápido han pasado estos diez años, ¿verdad?. He querido empezar con las palabras con que Pierre Jourdan presentaba su mítica realización de la Norma de Orange en el documental Caballé: beyond music.

Y es que, en propias declaraciones de la artista, "esa actuación del 20 de julio de 1974 fue la mejor noche de toda mi carrera profesional". Tanto es así, que la mismísima Maria Callas, alertada de lo que allí había sucedido -y dado que anteriores intentos de ver a la Superba en directo con este rol fueron frustrados- solicitó un pase privado de la película en su apartamento de París, previo al lanzamiento mundial del vídeo (afortunadamente, las cámaras de la televisión francesa habían registrado la representación para editarla con posterioridad).

Cuenta la leyenda operística que la Divina estuvo las dos horas largas de representación sin articular palabra. Sólo al finalizar el pase, se dirigió a sus allegados en la sala en estos términos:

"La habéis sacado demasiado guapa".

Boutades de genios... Si no fuera por las Vísperas sicilianas a finales de año en el Liceu -banda sonora y título del post-, esto se acababa aquí. Inmediatamente os levantabais, directos a la FNAC a comprar el DVD de la Norma. Sin solución de continuidad, dejabais hijos, trabajo, sexo, todo lo que tuvierais entre manos, abríais una buena botella de Priorat y os sentabais, SOLOS, en la penumbra de vuestro salón -no me jodáis con ordenadores- a elevaros con el film de Jourdan.

...

"La mejor actuación" de toda la carrera de nuestra diva, ahí es nada. "Actuación". ¿Oído en USA and UK? A esos "pérfidos" yo les invitaría a visionar el citado film también. Pero veamos qué opinó la crítica. G. Landini, en el núm. 63 de la revista L'Opera, presentaba a sus lectores el lanzamiento de la Norma de Orange como sigue:


"La publicación de la performance estival de la Caballé a Orange (...) ofrece un testimonio indiscutible de los motivos que han hecho de la cantante catalana una Norma histórica. Lo que hace grande la Norma de la Caballé es un canto de perfección absoluta, que instintivamente da voz al estilo de Norma, en el que la contención neoclásica que existe, por ejemplo, en los recitativos, concuerda con el furor prerromántico de las invectivas y los enfrentamientos.

La Caballé se muestra versada en el canto spianato (tanto si exige un acento vibrante como si pide un acento suavísimo y un juego de mezze-voci aéreas) y en el canto de agilidad, en el cual, no obstante, la coloratura siempre se plega a la exigencia dramática y nunca cede, ni en los momentos más evidentemente belcantistas -la cadencia de los duos con Adalgisa- a tentaciones virtuosísticas.

Pero lo que da la medida exacta de la grandeza de la Caballé es el vídeo: estatuaria en la pose, sobria e incisiva, fuerte de un recitado esencial, hecha de gestos ora imperiosos ora dulces y de miradas penetrantes, vuelve a proponer en clave moderna y absolutamente nueva el buen gusto a medio camino entre el neoclásico y el romántico, descrito en las ilustraciones de la época, que representan a Giuditta Pasta en el papel de la sacerdotisa de Irminsul".

Nada más sobre la Norma, en anteriores posts ya glosamos la importancia clave de la obra maestra de Bellini -cumbre del bel canto- en la carrera de Montserrat Caballé. Y mencionábamos, quizás con excesiva reiteración, la noche de hoy en el anfiteatro romano. Pues ya hemos llegado. Si tenéis que elegir una sola ópera para "ver" en vuestra vida no lo dudéis. Es ésta.

Pero antes de continuar, permitidme que traiga a colación a la Stupenda. La presencia de Dame Joan Sutherland hoy es obligada. Y lo haré con una anécdota contada por la propia Caballé en una entrevista que le hizo el New York Times el domingo 4 de marzo de 1973. Comentando su -por entonces- reciente actuación en el MET con este mismo papel, la Superba nos ofrece una explicación interesantísima de cómo se gestó su "apropiación" del rol de Norma a finales de los 60's. No tiene desperdicio, transcribo literal del inglés:

"Paradoxically, Caballé latched onto Norma at the insistence of one of her foremost competitors. "I'm singing Norma because Joan Sutherland said I have the voice for it", the soprano recalls in her comfortable but accented English.

La Superba visitando a la Stupenda en Philadelphia,
tras la Norma de esta última con Pollione-Martí
Four or five years ago, I went to hear her to sing it in Philadelphia. It was the first time I had ever seen 'Norma' on-stage, and I was surprised because it was so wonderful. Afterwards, I went back and said, 'Oh, Joan, you are so marvelous, really marvelous'. And she says to me, 'Now, Montserrat, you have to sing this'. I say, 'No, no, never!'. 
'Oh yes', she says, 'you will sing this'. You have the voice. If I can do it, you can do it'.

Well, the time flies and I was in London and saw Joan and she said: 'So, have you begun to learn Norma yet?'. 'No, Joan', I told her. 'Why don't you take a look at the score?' she says. 'I'm sure you'll be the greatest Norma'. So a month later I looked. Then I saw her again and told her that she was right, that it was not as difficult as I thought. 'But really', I said, 'you are son magnificent with all those top notes. I cannot sing them -I don't have them'. 'You don't need them', she says, 'they're not in the score'.

It was very funny. I looked again and saw that Joan was right. Callas didn't do the top notes either, so why should I?. Then I began to study it seriously, and even asked the impresario in Barcelona if he would risk doing a 'Norma' for me. My first one was in 1970, and the I went to London for recordings and saw Joan again. 'You see', she said, 'I told you that you are the greatest Norma. From now on, I will sing Norma a lot, because when you begin to do it everywhere, I won't any more'. She was so funny, but she meant it very nicely. She's a wonderful person.

That's the story. I really had the idea that I was not a Norma at all. But now that I have done many performances, I believe I can sing Norma very well".

Del resto de 1974, cabe decir que es un año atípico, en gran medida porque a Montserrat le detectan el primero de los dos tumores que sufriría a lo largo de su vida. A pesar de que el asunto -tanto ella como su entorno- lo llevaron con absoluta discreción, sólo hay que echar un vistazo a su lista de actuaciones para ver que algo sucedía. Escasísimas desde el verano hasta final de año.

Precisamente, la crónica de las Vísperas recogida en La Vanguardia Española el mismo 31 de diciembre, se iniciaba con una velada mención a la salud de nuestra diva:

"La reaparición de Montserrat Caballé en la escena del Liceo fue una verdadera apoteosis, una explosión de júbilo con la que el público celebró su vuelta después de unos meses de incertidumbre respecto a si nuestra gran cantante se mantendría en forma y podría renovar sus espectaculares triunfos".


La última reseña de Jordi Suriñà
Vaya si los renovó... UF!!! ¿Os acordáis de mi comentario sobre la Aida de hace justo casi un año, con Domingo? Pues Domingo volvió a casa por Navidad, y con ganas de guerra, ya lo creo...

¿Os hacéis idea de la cantidad de reseñas que hemos revisitado en estos 10 años de era Caballé-Suriñà que hoy tocan a su fin? ¿Y del extraordinariamente alto nivel de prácticamente todas ellas? Nadie, ni siquiera Maria, igualó eso. ¿Con un repertorio "elástico hasta el paroxismo" y a ese nivel?! NADIE. Nunca

Y yo creo que Montserrat, sabedora de que Jordi iba a dejar de recopilar reseñas esa misma noche ;-) decidió coronar el decenio mágico con un duelo de altura con Plácido, jamás visto antes y jamás vuelto a ver después, que tengo que decir que supera al legendario de 1967 con Kraus. Sí, en aquella ocasión madrileña, la Caballé falló una nota. En esta de hoy, no. La frase de la "competición sana" que mencionaba el tenor madrileño, cobra todo su sentido aquí. Al menos la parte referida a competición, lo de "sana"... Sigamos con la crítica:

"Montserrat Caballé no ha cambiado. La transparencia, volumen y flexibilidad lírica de su voz es la misma. Sabe como nadie filar las notas dándoles un vuelo melódico que fascina. Tiene un registro medio y grave de arrebatadora temperatura dramática y canta con todos sus recursos, identificada con el más clásico estilo de la ópera italiana belcantista.

A Plácido Domingo le situamos al mismo nivel de la soprano catalana. Voces como la suya son las que han rehabilitado los otrora míticos tenores (...) Ha impuesto su dicción vibrante y arrebatada, sólo posible con una densidad vocal como la suya. En 'I vespri siciliani' se ha confirmado como un artista de un rango al que muy pocos pueden llegar, gracias a ese timbre suyo de tanto alcance como tensión expresiva y de iguales cualidades técnicas que rigurosa musicalidad".

Bien, hasta aquí las presentaciones de los "duelistas", buen rollito. El crítico debía referirse a los dos primeros actos, sin duda, porque la paz se rompió al finalizar el tercero: en los compases finales del Colpo orrendo, inaspettato, la Caballé decidió sacar el hacha, e hizo lo que nunca debería hacerse en un concertante: alargar el agudo más allá del resto de compañeros, incluso de la orquesta, hasta la caída del telón... Dudo que eso le hiciera mucha gracia a Domingo, ciertamente. Pero dejemos que lo explique el crítico:

"Montserrat Caballé y Plácido Domingo rivalizaron durante toda la representación en subyugar a los liceístas. Hubo momentos de elevadísima tensión, arias y dúos espectaculares y de fúlgido virtuosismo en las que Caballé y Domingo se "pasaban" la oportunidad de brillar y de conquistarse el entusiasmo de todos los asistentes, en vilo ante un tal dominio del oficio y de la capacidad física de ambos artistas.

Al final del acto tercero, en una exhibición de facultades, Montserrat Caballé prolongó el agudo más allá de la cadencia de los demás cantantes y de la orquesta, mientras bajaba el telón. Pareció una suerte de desafío que recogió Plácido Domingo en el acto siguiente, el último, encendiendo con más alboroto que nunca las ovaciones, compartiéndolas con la protagonista femenina".

OS JURO QUE así fue. Jamás he escuchado a la Caballé tan suelta con las top notes (sin apianar), y desde luego, en la puta vida el Liceu -con todo su glamour- ha "bramado" como esa noche. Parecía un combate de boxeo en el Madison Square Garden, más que una velada de ópera. Y -aun siendo krausistatengo que decir que la pelea acabó con empate técnico a los puntos, absoluto. "A Plácido Domingo lo situamos al mismo nivel de la soprano catalana". Al menos esa noche, sí.


"En pie, Arrigo. Esta noche habéis estado a mi nivel".
"Grazie Duchessa..."

Buenas noches amig@s, nos vemos la semana que viene. Empieza la recta final de este blog. Acabada la era Caballé-Suriñà, el siguiente decenio prodigioso -1975-84, como sabéis con mis propias crónicas- lo despacharemos en dos posts consecutivos, seleccionando un par de óperas por año (intentaré que sean "alternativas", diferentes a las que he ido subiendo hasta ahora). El penúltimo post estará dedicado a una revisión "crítica" y discográfica de la carrera de la Superba, a modo de corolario final. Y el último, el número 20, será una sorpresa muy especial. De momento, os dejo con la discografía recomendada de 1974, más escasa que en otras ocasiones, pero de valor incalculable...



Seguimos con DIVOS históricos, para que vean sus detractores...

Parisina, un lujo absoluto exquisitamente cantado

La versión audio de la mítica noche en Orange

Duelo en OK corral, escuchad el bolero que da título al post

Legendaria Aida de estudio. Referencia absoluta.





martes, 25 de marzo de 2014

O patria mia (1973, Año IX)

(Post dedicado a Giacomo Aragall, la voz más bella)


Buenos días chic@s, vuelvo con vosotros, más noble y más libre, para dar la bienvenida a 1973, Año IX de la era Caballé-Suriñà, y penúltimo con reseñas originales.

Aunque también podríamos llamarlo el Año I de la sub-era Caballé-Domingo. Si recordáis los post de finales de los 60's, ambos artistas habían coincidido un par o tres de veces hasta 1970, de manera esporádica y siempre fuera de España. Durante 1971-72 no se encontraron, aunque imagino que sus representantes (en este caso, si no voy errado, representante "único", el hermano de la Caballé) ya se habrían dado cuenta del potencial de la pareja y -dado que estos divos tenían las agendas cubiertas con 2-3 años de antelación-, estarían preparando el lanzamiento conjunto.

Porque debéis saber que la leyenda de una de las 3 parejas líricas legendarias de la segunda mitad del siglo XX -recordemos, junto a Callas-Di Stefano y Sutherland-Pavarotti-, se cimentó en un período de 5 años, y tuvo como núcleo geográfico el Gran Teatre del Liceu. Allí empezaron sus noches barcelonesas legendarias, con el Ballo de este año, y allí acabaron también -con enfrentamiento, por cierto-, en L'Africaine de 1977. Pero disfrutemos el ínterin, ¿no os parece?.

Bellísima Amelia...
El año se iniciaba con "una versión definitiva" de Un ballo in maschera, de Verdi:

"Si alguna vez ha sido posible conseguir el perfecto equilibrio y el uniforme nivel ideales, entre los múltiples elementos que concurren al complejo espectáculo llamado ópera, ha sido esta vez en que, cuantos elementos humanos y materiales han participado en la representación de 'Un ballo in maschera', se han fundido en una unidad artística a la que no sabríamos encontrarle un fallo que justificase un reparo". (A. Menéndez Aleyxandre)

Caballé y Domingo ya habían coincidido en un Ballo anterior (MET, 1970), y a pesar de que al iniciarse la sesión se anunció que el tenor padecía una gripe, aquella se desarrolló con un nivel más que digno. 

"Esta obra, en la que Verdi volcó su inspiración, traduciendo en música incomparablemente, la belleza de un amor imposible, sublimizado por la idea de una amistad pura y noble (...) Caballé interpretaba a Amelia, la fiel esposa de Riccardo (Domingo, gobernador apuesto y generoso), quien a pesar del inmenso amor que siente por el mejor amigo de su esposo es capaz de elevar sus sentimientos a la más alta zona con su renuncia, y fue encarnada en una versión magistral...". (Colomer Francés)

"Montserrat Caballé fue, una vez más, la diva indiscutible que se impone con la
aristocrática exquisitez de su arte y de su personal estilo de cantante y actriz"

Como anécdota, decir que Un ballo in maschera es la única ópera de toda la carrera de la Caballé que cantó con Los Tres Tenores, llevándola además a los Big4 opera theatres. Además del mencionado MET (allí también la cantaría con Di Stefano, Bergonzi o Tucker), en 1975 aterrizaría en la Scala con Carreras y finalmente en el '81 en el Covent Garden con Pavarotti. Si le sumamos una actuación con Bergonzi en Viena, ya los tenemos todos. Desde luego, estamos ante uno de sus papeles centrales (lo mantuvo en repertorio 20 años), y aquí si que no se la puede acusar de rehuir a los primeros espadas...

En el resto de mes de enero -y todo febrero-, la Caballé empalmaría dos Normas cruzando el charco por medio (nueva reposición en el Liceu y debut en el MET). Y estando en Nueva York, recibe en marzo de nuevo la visita de Plácido Domingo, esta vez para compartir un Trovatore antológico. Y digo que él la visita a ella -no se me ofendan los... ¿dominguistas?- porque fue la misma Desdemona quien alternó a tres tenores diferentes en aquellas representaciones de la popular obra de Verdi. Junto al tenor madrileño, actuaron como bardos los tenores americanos Richard Tucker y James McCraken.

Una sucinta nota de prensa en el ABC sobre la exitosa Norma del MET,
que tampoco pasó desapercibida para nuestro amigo Jordi Suriñà

Precisamente sobre este debut neoyorquino de la Norma, la prensa local -habría que decir la prensa anglosajona, en general- seguía haciendo hincapié en las supuestas "debilidades dramáticas" de nuestra divaal igual que sucedió con el Don Carlo del año anterior. Sin dejar de alabar nunca sus habilidades vocales ("A show that had some of the buffs talking about the great singers of the past (...) It was a vocal, not a dramatic, show (...) When she sang the 'Casta diva' there was no doubt of the unusual quality of her voice"), el crítico Harold C. Schonberg no dejó pasar la oportunidad de ironizar en su crónica oficial de la velada -Cheers in Norma-, aparecida en la edición del The New York Times del 14 de febrero:

"Miss Caballé and Miss Cossotto represent the arms-outstretched school of acting. Between the two there was more arm-flinging than in an extra-innings baseball game".

Qué majo Harold, ¿verdad? Es lo bueno que tiene contrastar versiones, hablando de ópera... y de la vida. Si nos quedamos sólo con el ABC luego pasa lo que pasa... (hijo, la historia de España léetela en inglés). Pero, a pesar de la ironía, la crítica es eminentemente positiva, tanto al referirse a la actuación global de Caballé como a sus duetos con la egregia Cossotto:

"If Miss Caballé does not act very well, she can act with her voice; and, in opera, vocal emotion can be just as compelling as visual credibility. More compelling, indeed.

(...)

In one respect, this 'Norma' had an aspect that the previous Sutherland-Horne 'Norma' lacked. Radiantly as those two great singers sang the two big duets, their voices were, paradoxically, too well matched. In this new cast, the creamy voice of Miss Cossotto contrasted beautifully with the more vibrato-free, instrumental-like Caballé sound".

Ep! Cachondo, sí, pero sabe un rato de ópera el americano, creedme. Sigamos adelante. Durante el mes de abril, todavía en América, alterna Normas con Trovatores y Traviatas, y en mayo vuelve a aterrizar en Europa, para una serie de representaciones de Norma en el San Carlo di Napoli y un Trovatore conjunto -y triunfante- en la tierra de su marido, Bernabé Martí, como recogían las páginas del Heraldo de Aragón:

"Igualmente extraordinario fue el éxito logrado por Bernabé Martí"

"Montserrat Caballé llegaba casi inmediatamente después de su clamoroso triunfo en Nápoles, con 'Norma', una Norma que al decir de la crítica internacional marca una época en la historia de la interpretación de la célebre ópera de Bellini. Con la Leonora de Il trovatore, la gran diva española alcanzaba otro clamoroso triunfo (...) Una voz de infinita belleza, de una delicada finura que sabe alzarse con la más asombrosa facilidad a una altura trágica cuando el papel lo requiere, o expresar con voluminoso lirismo los sentimientos, los anhelos, el alma de sus personajes". (Joaquín Aranda)

Ya en los meses de verano, con menor ritmo sin duda para recuperar fuerzas, Montserrat tiene tiempo de desplazarse a Marbella para interpretar una Traviata, cantada al alimón con Jaume Aragall y vista por ilustres invitados, como un "jovial" Arturo Rubinstein.

"Cuando se oye cantar a Montserrat Caballé se oye a la verdad"
(Elogio de un crítico norteamericano, mencionado por Caballé en la entrevista)

Y llegamos al inicio de la temporada 1973-74 del Liceu. La ópera elegida fue la Caterina Cornaro, pero antes tuvo tiempo de dar un concierto memorable en el Palau de la Música y conceder una entrevista que desvela uno de los grandes proyectos fracasados en su carrera:

"Montserrat, no te preocupes, porque esto es fácil para tu voz, lo que pasa
es que aún no te lo sabes" (Pau Casals)

- ¿Cuál es su ambición inmediata?
- La 'Tosca' que voy a grabar el día 14 de noviembre, con Karajan, en Berlín, con Luciano Pavarotti y Peter Glossop. Es una grabación que me ilusiona mucho. Tengo una discografía ya bastante amplia; pero siempre me ilusionó muchísimo grabar 'Tosca'. El hecho de que al final se haya realizado, y además con Von Karajan como director, me llena de alegría, y en este momento es mi máxima ilusión.

Pues que lástima de ocasión perdida. Nunca se supo el porqué, pero ese encuentro anunciado por nuestra diva jamás se produjo... Habría que esperar a 1976 para que grabara la Tosca, pero ya sin Karajan ni Pavarotti...

En fin, que tras interpretar El pessebre de Casals, Montserrat continuaba el idilio -desgraciadamente poco frecuentado- con Aragall, a quien el crítico Juan Arnau hacía verdadera justicia al comentar su actuación como Gerardo en la Caterina Cornaro:

"Para Caballé, es el momento de oro de su voz purísima, 
con una dulzura en el timbre y una suavidad envolvente en el color...

"Si digo que Jaime Aragall fue también triunfador brillante será una verdad que para su justa valoración requiere añadir en seguida que el triunfo se consiguió en una particella difícil, con mucho riesgo por la tesitura constantemente aguda y en el mejor de los casos abundante en la zona del pasaje. Pero la victoria había de ser grande, porque Jaime Aragall está en un brillantísimo momento de su carrera, con la voz igualada, potente, rutilante de color y de brillo, alta con proyección, generosa de sonido, tan hermoso como quizá no exista hoy ninguno en el mundo del tenor lírico. Espléndido de fuerza y de colocación en el registro agudo, Jaime Aragall prodigó con acierto la media voz, mantenida con seguridad y permanencia de timbre".


Caterina Cornaro en el Liceu (1973)

Inmediatamente después de estas representaciones del Liceu, la pareja protagonista llevaría la Caterina a París, en versión concierto. De aquella visita es la reseña siguiente, con una foto histórica:

"Je n'ai jamais aussi peu applaudi Montserrat Caballé que dimange soir à Pleyel"

"Qu'importe, dès lors, que 'Caterina Cornaro' ne soit pas du meilleur Donizetti. Caballé chante et trascende tout. Le temps est suspendu". (Marcel Claverie)

"Aux côtes de Montserrat Caballé, son compatriote, le ténor Giaccomo Aragall, qui faisait ses débuts à Paris, a conquis tous les spectateurs par sa présence, la vaillance de sa voix qui rappelle par moments celle de di Stéfano, at par son style tout à fait remarquable". (René Sirvin)


Y para finalizar el año en lo más alto, se produce en el coliseo de La Rambla un traspaso de testigo verdiano, histórico. La Superba, tras una representación "accidentada", renuncia a la Traviata -la última de las tres óperas que componen la trilogia popolare de Verdi, junto a Rigoletto y Trovatore- y la reemplaza por una ópera mayor del compositor de Busseto, la Aida -primera de la trilogía inmortal, junto a Otello y Falstaff-, también acompañada de un tenor mayor: Plácido Domingo. La recreación que ambos cantantes realizaron de esta ópera de madurez de Verdi sería legendaria durante los años siguientes. Y -esta vez sí- dejaron registrada una versión mayor. Lo veremos.

¿Portentosa o "gallo"? Da igual, "ya no la podía cantar como la sentía" y
la retiró de su repertorio. La Superba estaba presta para Aida...

Así pues, llegamos al 29 de diciembre de 1973. Debut de la pareja Caballé-Domingo en la Aida. Gran Teatre del Liceu. Noche de gala, multitud de corresponsales extranjeros acreditados y banda sonora de este post desde sus inicios, como ya habréis imaginado. Mientras escribo estas líneas, Domingo destroza tímpanos -qué potencia, nunca hubo nada igual- con su ¡Sacerdote io resto a te!...

Echemos un vistazo global a la prensa local, y luego desgranaremos las crónicas más interesantes. 

Unanimidad en la prensa local. Esta vez también mía ;-)

Bueno, bueno... ¿por dónde empiezo?! Veamos, introduzcamos primero la obra...


Gran versión de Aida, protagonizada por Montserrat Caballé y Plácido Domingo (Juan Arnau)

"Si exceptuamos la partitura de Falstaff como un perfecto acabado de filigrana musical, quizás no encontraremos en toda la producción de Verdi otra ópera que, como Aida, alcance las sutilezas de color, la finura de conceptos, la diversidad de matices, el concepto romántico y el encanto poético de un lirismo que, a fuerza de ser humano, ha de hacer crisis en el dramatismo que las pasiones de los personajes han ido incubando a lo largo de los dos primeros actos (...) Muy de pasada, pero con intención, acabo de aludir a las dos características fundamentales de la partitura de Aida: lirismo y dramatismo.

La representación del sábado en el Liceo tuvo una imagen decididamente romántica, posiblemente la más bella imagen que en este sentido pueda conseguirse en un teatro de ópera en 1974, sin que por ello se negligiera el sentido dramático que exige casi todo el tercer acto y gran parte del cuarto (...) Aida, en versión de los dos singulares cantantes españoles, es el más encantador, sugestivo y hermoso lujo artístico que pueda desear el exigente aficionado al canto.

Montserrat Caballé es, en rigor de sinceridad, principal contribuyente a esta fastuosidad lírica, porque considerada, admirada su voz en la belleza del color, la suavidad del timbre incisivo y la dulzura de la extensión toda, la facultad de convertirla en instrumento prodigioso nos cautiva y nos envuelve en el sonido flotante -no ingrávido porque el apoyo es magistral- más perfectamente emitido que pueda imaginarse; hermoso hasta el escalofrío...

Bien claro quedó que Plácido Domingo es el Radamés de amplio concepto cantabile que no se deforma ni en los momentos de exigencia temperamental. Más lírica que en otras ocasiones la voz, el estilo de gran cantante, de artista de raza y la musicalidad tan inspirada como infalible, se impusieron para configurar una línea interpretativa irreprochable, generosa de matices y perfecta en el uso de la técnica que conduce siempre el sonido donde mejor los resonadores pueden beneficiarlo". 


Una sensacional 'Aida' en el Liceo... (A. Fernández-Cid)

"Puede ser que lo más encomiable, entre tantos puntos positivos como determina la representación de 'Aida', que es gala de su temporada liceística, surja del hecho mismo de que un espectáculo de este rango se afronte por una empresa privada que, con este reparto, mide sus fuerzas en paralelo nivel a los que aplaudimos en organizaciones multimillonarias en la subvención y el apoyo (...)

Nuestra insigne soprano, 'diva' del mundo y en el momento de oro de su voz, elástica en el repertorio hasta lo inverosímil, consigue hasta el milagro de llevarnos a su estilo expresivo, de fraseo y 'tempi', de concepto 'cantabile', incluso cuando podemos no sentirnos del todo afines (...) El timbre, el 'legato', el matiz, la dulzura y delicadeza, la afinación purísima, el asombro de la técnica, suscitan no ya la ovación arrolladora de rúbrica: el murmullo embelesado, irreprimible en algunos momentos.

Plácido Domingo, uno de los grandísimos tenores del presente -¿lírico de ancho cuerpo sonoro?, ¿spinto?- hace un Radamés de la primera condición (...) musical, sin mengua de la plenitud vocal llena, preciosa de color.

Pasadas las dos de la madrugada seguía la última ovación de más de quince minutos, después de las interminables anteriores. Y la salida morosa tuvo el calor de un comentario de unánime y justificado entusiasmo".


La mejor 'Aida' que recordamos haber aplaudido nunca en Barcelona (X. Montsalvatge)

"Alguien ha dicho, con absoluta justeza, que la antepenúltima ópera de Verdi, a pesar de sus efectos visuales, del montaje escenográfico y de su apoteósica escena triunfal del segundo acto -el momento más multitudinario y fastuoso de toda la obra-, la popular 'Aida' es intrínsecamente una ópera íntima (...)

Anoche el éxito invariable de 'Aida' fue auténtico y grande desde todos los puntos de vista, aunque indudablemente lo incrementó de forma decisiva las peculiaridades de la interpretación y en especial el hecho de que Montserrat Caballé, por primera vez, asumiera el papel protagonista de la princesa etíope (...)

Montserrat Caballé acaba de añadir un nuevo título a su repertorio y no es arriesgado afirmar que este enriquecimiento de su experiencia le proporcionará muchos triunfos (...) En un dominio absoluto de facultades, segura en la emisión y en la manera de expresarse dramáticamente, acaba de maravillarnos desde el principio al final de la obra. El vigor y la penetración psicológica, que son el nervio del papel de Aida, ha sido traducido por la Caballé con un ímpetu y una tensión insuperables...

No menor ha sido el triunfo de Plácido Domingo, definitivo ya desde las estrofas iniciales de 'Celeste Aida' (...) Tiene en la voz esta densidad tan rara de encontrar en un tenor. Voz llameante a veces, grávida de emoción, de un timbre soberbio, dominada con una sensibilidad de verdadero músico (...)

No es necesario vociferar como en un campo de fútbol para afirmar ostensiblemente una realidad como la que acabamos de constatar: la de esta 'Aida' que nos atrevemos a afirmar que es la mejor que se ha cantado en el Liceo desde que tenemos consciencia..."


Foto entre bambalinas al finalizar una noche antológica...
La pareja protagonista junto al alcalde de Barcelona y Bianca Berini 
(Amneris, de quien no he dicho nada pero que está sublime)

Chic@s... esto se acaba... No añado nada a las crónicas de la época porque me he quedado sin habla. Sabed únicamente que esta versión de Aida la he escuchado... ¡cuatro veces! durante esta semana. No recuerdo una actuación mejor de Caballé y Domingo juntos, jamás (si exceptuamos las Vísperas del Liceu de 1974, claro...). Los duelos son de muchísima altura, madre mía. ¡Cómo empastaban las dos voces!! E insisto con lo del 'Sacerdote io resto a te' de Radamés-Domingo porque acaba de sonar otra vez... ¡En vivo tuvo que ser escalofriante! Empiezo a entender lo de su leyenda... Incluso me estoy replanteando mi "verdad absoluta" de que LA ópera de Verdi era el Don Carlo... La vida también es rectificar...

Así que, mientras yo reflexiono y llega 1974, os dejo con la recomendación discográfica.

Un Ballo de inicio de temporada

Los Trovatores de Caballé-Domingo fueron legendarios

Gran confrontación entre reginas...

La pareja poco pródiga en París, antológica grabación

O patria mia... nunca se cantó igual, escuchadla


Y una Bohème de estudio que no pasó de anecdótica, divertimento de divos... un caprice des dieux.

Final del acto I; lo mejor del disco el contraste de voces

(PS única: homenaje sincero a Jaume Aragall)



martes, 18 de marzo de 2014

Poveri fiori (1972, Año VIII, parte 2)

(Dedicat a Siset i Narcís Aragall)

La vida, sabéis perfectamente amig@s, es tomar decisiones. Y en esta segunda y última parte del trascendental y denso año de 1972, la primera decisión ha habido que tomarla antes de empezar. ¿Qué me pongo de banda sonora del post?. ¿La Adriana del Liceu... o la Norma de la Scala?. Difícil, muy difícil decisión. La primera es una grabación directa de un master de Jordi, y si me la dejó en su momento es porque para él era muy especial, sin duda... Pero la segunda es una grabación "oficial" -con sonido excelente de MYTO- y nada más y nada menos que de la noche más importante de la Superba desde su debut en Nueva York, ocho años atrás...

Salomón, asísteme... Vamos a escuchar esta segunda, pero el post y su título lo consagraremos a la primera; sin duda fue la primera vez que Jordi Suriñà oiría el Poveri fiori, así está bien...

Nos quedamos en junio de 1972, con La Traviata del Covent Garden, y al inicio de este post seguimos en Londres, esta vez con la versión en concierto de la Caterina Cornaro en el Royal Festival Hall (mientras aparece la Caballé en el "Sediziose voci"... que no me olvide de contaros la anécdota de todas las anécdotas sobre aquella serata de inauguración, made in Jordi, of course).


"Caballé sang the role with radiant feeling and agile brilliance..."

Caterina Cornaro, la última de las 70 (!!) óperas compuestas por Donizetti, fue un juguetito que se permitió la Caballé un par de años, entre 1972 y 1974, y para mayor gloria de Jaume (Giacomo) Aragall, pues todas las representaciones de esta obra las cantó con el insigne tenor catalán (todas menos ésta de hoy, justamente, en la que hubo que llamar deprisa y corriendo a Carreras para sustituirle por enfermedad). Se trata de una ópera menor, pero el canto de la Caballé -con florituras y ágil- de principios de los 70's, compensa de sobras.

Del Reino Unido nuestra diva viajaría a su ciudad francesa fetiche, Orange, para hacer una demostración de cualidades vocales en Il Trovatore. Pero antes tuvo tiempo de meterse en los estudios de grabación -la mayor parte de sus obras de estudio fueron registradas en Londres. Sí amig@s, por si el año no tuviera ya poco ritmo (desmayos incluidos), vamos a aprovechar los huecos de la agenda para grabar no una, sino CUATRO óperas. Inaudito. Y mala elección, sin duda. Tiene toda la pinta de haber metido algunas grabaciones con calzador. Y el hecho no hubiera ido más allá si no fuera porque una de las cuatro era la Norma...

Vamos a ver si lo entiendo, Montse: Norma es tu consagración mundial definitiva, como veremos al final de este post. No olvidemos que sólo grababas una versión de cada ópera, saliera ésta bien, regular o mal. Y justo el año de meterte en el estudio con la obra maestra de Bellini... se te ocurre grabar 3 más, en vez de concentrarte en registrar la-mejor-versión-de-Norma-de-la-historia-del-disco??!!! No ho entenc reina...

"La grabación de estudio de RCA fue realizada en Londres al final de un frenético período de actividades en el cual la soprano había grabado en el transcurso del verano de 1972, y en apenas unas semanas, tres óperas completas. Ésta es la última de la serie, y debería haber sido la joya de la corona (...) Quizás se trate del único ejemplo en su carrera en que debería haber aprovechado la ocasión para romper su propia regla de oro según la cual jamás graba el mismo papel más de una vez". (Pullen & Jay-Taylor, op.cit.)

Pues claro, mujer de Dios, tenías que haberla grabado otra vez, justo después de Orange, con el mismo Pollione de entonces (Jon Vickers, mucho mejor que Domingo 100 veces en ese papel), y cambiando de Adalgisa (Veasey por Cossotto). El papel lo habías madurado más, y con ese reparto -y quizás otro director, ahí no llego- te hubiera salido una grabación antológica. Para enviarla a Marte en un paquetito junto al Fuente y Caudal y el Alchemy como representación de la música terrícola!! 

En fin. Las óperas grabadas estos meses del verano londinense fueron: el papel de Liu en la Turandot histórica con Sutherland y Pavarotti (a la Caballé no sólo no se le cayeron los anillos por participar con la insigne pareja en un rol secundario, sino que además sirvió la mejor recreación del personaje de la esclava jamás registrada en disco), el Guillaume Tell de Rossini, la Giovanna d'Arco de Verdi y nuestra Norma de Bellini. Creo recordar incluso que intervino en unos Pagliacci grabados por Domingo.


Grabación legendaria, por irrepetible reparto
El Signore, ascolta! de Caballé permanece insuperado

Bueno, ¿por dónde íbamos?. Cruzando el charco: Orange, Trovatore, triunfo asegurado, canto angelical, a pesar de un reparto muy muy desigual, como recogía algún titular "crítico" de verdad.


Menos la Caballé, que nunca decepcionaba con su
Tacea la notte placida

De su paso por Francia es interesante detenerse en un nuevo entr'acte que le hacen a nuestra diva, en el que se le pregunta por su teatro y cantante favoritos: "Metropolitan" y "Callas", respectivamente.


"Savez-vous que vous êtes aussi sa chanteuse préférée?"
"Je sais et j'en suis très heureuse"

Tras el período estival -recordings & vacation- en septiembre llevaría la Norma a París, en una representación accidentada por una nueva indisposición, esta vez de su marido. Ella declararía posteriormente que "mi marido cantó enfermo para que no se aplazara la inauguración de la temporada"...


Una hernia discal del tenor obligó a suspender
la ópera en el 4º acto...

Y llegamos al punto álgido del año, lo mejor para el final... Volvemos a Barcelona para inaugurar la temporada (vaya duelo vocal con Cossotto en la Norma, uf...). Fijaos en aquellas portadas de principios de los 70's, con fotografía de autor a página completa, especial en el interior... y no sobre fútbol, sino sobre ópera!!! Those were the days of miracle and wonder Princess...



¡Qué escenarios, qué vestuario! (si Mortier levantara la cabeza...), y qué gran oportunidad de ver los entresijos previos a una representación, la diva afinando la voz al piano en el camerino: "La voz está bien... ¿no parece que el maquillaje da alguna sombra?". Suelta, suelta, vamos...




Para delicia y gozo de Jordi, la Gaceta Ilustrada del 10 de diciembre dedicaba una entrevista de 6 páginas completas a todo color con Montserrat Caballé. De entonces son sus famosas declaraciones "Cantar es muy duro, pero mucho más duro es trabajar en unas minas", su declarado amor por "Beatles, Tom Jones y Raphael", etc. Si alguien la quiere completa a vuestra disposición.


Y yendo a lo importante -la música-, hay que decir que la Caballé debutaba el papel esa noche, reforzando su etapa dramática recién iniciada, dado que en esta ocasión la propia protagonista -Adriana Lecouvreur- es una actriz de teatro. Como recogía Colomer Francés:

"Digamos que la obra tuvo la interpretación idónea, tanto vocal como escénicamente. En esta obra de Francesco Cilèa, su obra maestra, con necesitar una gran voz, exige también con igual fuerza una actriz; hay que destacar esta vez que dichos imperativos los reunió la artista completamente. Escuchar esta Adriana por Monstserrat Caballé, resultó un lujo, un derroche artístico".

Me parece muy acertada la reseña, y efectivamente, a todos los que ponen en duda la capacidad actoral de nuestra diva -yo mismo de vez en cuando- les sugeriría que revisaran su grabación de este papel en Tokyo (llegaremos, tranquilos, 1976) o la misma Norma de Orange de aquí un par de años.

Para Juan Arnau, "Montserrat Caballé planteó la interpretación con un visible deseo de crear sonido, de envolver en él toda la humanidad de 'Adriana', de llenar la escena con lirismo cálido, casi húmedo, contagioso (...) con simplicidad de puro arte. Lo tuvo en gran medida toda la interpretación (...) que se coronó con la dicción refinada de 'Poveri fiori' y en la dulcísima forma de frasear 'Ecco la luce', momentos que fueron de intensa belleza (...) Creo que la gran diva interpretaba por primera vez el personaje. No sé si cuando ya figure en su repertorio con centenares de representaciones podrá cantarla mejor". 

En el papel de Maurizio la acompañaba Josep Carreras, en un rol hecho a su medida también, y de la química que se estableció entre ambos artistas da buena prueba la foto siguiente. El propio tenor declararía más adelante que "en toda mi carrera nunca he sentido algo parecido encima de un escenario a cuando cantaba la Adriana junto a Montserrat Caballé, especialmente aquella noche de Tokyo".


Poveri fiori... ésta fue la actuación que conmocionó
al AMIGO Jordi Suriñà, para siempre jamás...

Y vamos ya a la Norma, que si no esto se os va a hacer eterno (yo estoy disfrutando de lo lindo, ahora viene el "Dormono entrambi", donde al levantar el cuchillo ya sabemos que no va a matar a sus hijos...). ¡Va! ¡Anécdota Suriñà! Larga, tal cual me la contó él...

La Scala había concedido a nuestra diva el rarísimo privilegio de elegir la obra para inaugurar la temporada de ópera, verdadera noche de gala en el país transalpino. Y la Caballé no se lo pensó dos veces: "claro, piaccere, llevaré la Norma".

...

Contaba Jordi -casi entre lágrimas- que a los responsables del teatro se les puso la cara de todos los colores, hasta que finalmente retomó su tonalidad original: 

- Verá Signora Caballé..., esa obra no se representa aquí desde la última vez que la cantó la Divina y... bueno... no creemos que sea una decisión acertada... piense que los "viudos de la Callas" (la logione scaligera, los aficionados de los dos pisos superiores, el gallinero, vamos) se la pueden comer con patatitas... si prega di scegliere un altro...
- Amici miei, o la Norma o no inauguro temporada, va bene?

Y, esta vez sí, el gesto osado de la Superba fue coronado con un triunfo absoluto, que la consagró por los siglos de los siglos como "il più grande cantante della storia del melodramma musicale". Gracias a esa noche escalígera, precisamente. ¿Qué hubiera sido de su carrera sin esa actuación? Chi lo sa...

Crítica unánime para una noche inscrita con letras de oro en la leyenda de la Ópera...

Recojamos con detalle algunas de ellas, sin duda son legendarias, vale la pena dejar testimonio escrito:

Una bella Norma esaltata dai "mostri" Caballè e Cossotto (C.F.)

"Certo, della Caballè si potrà dire che non possiede la grinta, la ferinità, gli scatti, i rapidi traspassi, la disperazione che urge dal di dentro, dalle viscere, il fascino misterioso che era nella voce dell'indimenticabile Callas (... quale quello della sventurata sacerdotessa, il recordo di Maria Callas è inscindibililmente legato); tuttavia la Caballè canta in maniera pressochè perfetta: la sua splendida voce, che conserva uniformità di colore e sonorità in tutti i registri, supera agevolmente, con straordinaria duttilità, tutti gli ardui scogli disseminati nella difficile parte.

Con grande disinvoltura, senza mai un attimo di incertezza, la Caballé passa dal 'cantabile' delle arie -la sua 'Casta diva' è davvero un essempio di bel canto- ai declamati, alle squassanti 'cabalette'.

E la sua interpretazione dimostra poi una notevole intelligenza d'artista: Montserrat Caballè aggiunge infatti alla ieraticità del personaggio di Norma una sorta di consapevolezza, di coscienza del dolore: ne fa quasi una vittima destinata a soccombere, schiacciata dal peso di un amore colpevole che sa da sempre condannato a una tragica fine". 


Questa "Norma" deve molto alla Caballè (Beniamino dal Fabbro)

"La Caballé, infatti, canta la parte come è stata configurata da Bellini (...) Ed ecco, per merito della Caballè, restituito a 'Casta diva' tutto il suo lunare incantesimo di teatrale 'notturno'... Con questo, Montserrat Caballè non è in tutto una Norma ideale, ma l'approssimazione interpretativa alla difficile eroina, da ricostruire dopo tanti guasti, è ragguardevole e sicura". 


"Norma" alla Scala in una buona messinscena (P.P.)

"Alla Scala Norma era Montserrat Caballè. Si sapeva già che il soprano spagnolo è uno dei pochi all'altezza delle difficoltà tecniche della parte: ora si è visto che sa anche affrontare con grande consapevolezza la interpretazione del personaggio (...) Con perfetta fusione con la Cossotto (...) Non tutto le riesce ugualmente bene (...) ma ciò non impedisce di riconoscere anche agli altri aspetti della sua interpretazione una coerenza, una nobiltà ed una capacità di approfondimento convincenti".

Norma nobile e bella...

Y por último, la mejor de las reseñas de la prensa italiana, de largo, divertida y sabia (algunos pasajes demasiado para mí, pero transcribo igualmente):

Una meraviglia l'accordo delle due voci femminili (G. Lanza Tomasi)
Il confronto fra il soprano spagnolo e la Callas

"Il partito formidabile era quello delle memorie. Memorie della Callas innanzitutto... Nei grandi teatri il giudizio è in partenza per sottrazione (la Caballè non ha questo e quest'altro), successivamente per addizione; il che non significa riconoscere al nuovo venuto qualcosa di più, ma semplicemente quel che è suo: dare a Cesare quel che è di Cesare (...) Ma il rischio è la monogamia. Se il melomane non è capace di tradire il primo amore il processo si blocca. Egli ascolta sempre per sottrazione. E a Milano la Callas ha lasciato tanti fedeli. Povera Caballè. La cabala infuria.

Cominciamo da quel che le manca. Il dramma, la scena, il temperamento; cioè la sua lettura è belcantistica anzichè drammatica (...) Lettura drammatica e bel canto non sono infatti concetti antitetici ma complementari. Almeno nella Caballè (...) L'acquisizione del tradimento di Pollione 'tremi tu'; il duetto risolutivo 'in mia man alfin tu sei'; lo spicco del declamato sin dalle 'sediziose voci'. Sono certo i passi dove la presenza più si scosta dalla memoria (...) Dove la Callas il 'crudel romano' se lo mangia, la Caballé lo ha già digerito (...) Questa Norma nè le manca la presenza scenica. La recitazione è un corrispettivo della passione...

Ma nel giardino che le è proprio i fiori di questo soprano ricresceranno soltanto in paradiso... Riporterete per sempre nel cuore il trillo e cadenza di 'casta diva', la giogia fiorettata del 'vivrai felice ancor', con quella sua scala semitonata discendente, non dura e picchettata come nella scuola tedesca, durante la quale la sala trattiene il respiro, quel segno d'estasi con cui all'opera si deliba e cattura, si fa propria una suprema emissione vocale.

Ascoltate lo stesso passo riprodotto attimi dopo dalla Cossotto: fino ad oggi imbattuta, ha ceduto la palma. Meraviglia della serata l'accordo delle due voci femminili (...) L'intonazione perfetta delle impossibili cadenze, l'assenza del grido negli ultimi gradi, rallentati, della scalata al 'la-do' acuto. E il ritorno de la Cossotto, favolosa Adalgisa...

Opera delle donne, Norma ha totalizzato decine di chiamate alla Casta Diva, e ancor più dopo il duetto del secondo atto. Un trionfo che resta nella storia della Scala, ed apre a Milano l'era di un nuovo mito". 

Vaya, no está nada mal teniendo en cuenta que en 1972 la Superba todavía estaba evolucionando el personaje; un rol que alcanzaría su cénit en Orange (1974) y que pasearía por todos los teatros del mundo (Big4 incluidos: MET, Scala, Viena y Covent Garden) durante esta década. En los 80's apenas la cantaría ya, y siempre en localidades periféricas.

PERO ACABEMOS 1972 con la parte final de la anécdota de Jordi:

El superintendente de la Scala -il capo di tutti capi-, dado que retransmitían la serata por radio, se había aislado solo, sin teléfonos, en su villa de las afueras de Milán, con la orden -terminantemente expresa- de que no le molestaran, bajo ningún concepto. Quería comprobar, sin interrupciones ni toses molestas, de viva voz, si finalmente el testigo de la Callas tenía nueva portadora...

Y el éxito de la noche fue tal -Domingo dixit- que al acabar la representación, en el quinto o sexto turno de aplausos a los artistas (curtain call en argot teatral), los espectadores empezaron a clamar: "Sola, sola", queriendo decir que saliera Montserrat Caballé a saludar sola. Sacrilegio absoluto en el templo milanés, dado que estaba absolutamente prohibido, ni la "añorada" Callas lo había podido hacer. Los cantantes salían a saludar en conjunto, siempre.



Cartel original, desde Milano hasta Canet de Mar

Pero el público -Jordi Suriñà entre ellos- insistía, ya con fiereza. El segundo de a bordo no sabía qué hacer. Y ni corto ni perezoso, envió a un mozo -escoltado por dos carabinieri motorizados- a la villa del superintendente, a solicitar la venia -por escrito- para que la Caballé saliera a saludar sola a escena. Y a la vuelta de estos al teatro, con la autorización concedida, se produjo el miracolo scaligero... 


"Un trionfo che resta nella storia della Scala, 
ed apre a Milano l'era di un nuovo mito"

La Caballé volvería otras dos temporada más a la Scala con la Norma (1975 y 1977), y desde entonces tengo entendido que no se ha vuelto a representar nunca más allí esta obra. Huelgan más comentarios. 

Os dejo con la segunda parte de la recomendación discográfica de 1972, incluido el registro de estudio NO legendario, qué lástima... Faltaría el Trovatore de Orange, no porque no sea válido, sino porque es una grabación en vídeo tan pirata que me da vergüenza subirla, no dejemos rastro... 

Fuerte abrazo a tod@s, desde la profunda conmoción del In mia man alfin tu sei... ("l'In mia man della Caballè scende come un brivido per la schiena") ¡Qué final apoteósico!... Lloro.


Divertimento...

Conmoción...

... y CONSAGRACIÓN

Y la desaprovechada grabación de estudio, simplemente correcta. Como pasa a menudo con la Caballé, hay que acudir a sus directos para elevarse. Domingo tampoco está como para tirar cohetes... Un claro ejemplo de que no siempre juntando primeras espadas de cada cuerda se consigue cuajar un trabajo de conjunto superior...





Hasta la semana que viene, amici miei... Deh! non volerli vittime...


(PS privada Nàrcis: el gran Gioacchino Lanza me ha hecho reflexionar sobre algo a lo que llevo algún tiempo dando vueltas... "Se il melomane non è capace di tradire il primo amore il processo si blocca"... Chato... O me desbloqueo de aquí a junio o creo que no renovaré el abono del Liceu... De momento, cuando acabe el blog pienso pasarme un tiempecito alejado de la ópera... ¿le habrá llegado ya el turno a la sinfónica, a mis 45?)

(PS2 Norma scaligera para practicantes de francés)

"Pour la première de 'Norma' à la Scala, Montserrat Caballé a remporté la plus difficile bataille de sa carrière. La partie était loin d'être gagnée d'avance car la cantatrice devait affronter, devant le public le plus froid et le plus blasé du monde, le souvenir de Callas, et qui plus est de la Callas de la grande époque (...) Or, ce fut un incroyable, un indescriptible triomphe. Il faut remonter plus de neuf ans en arrière, à la dernière apparition de Karajan, dirigeant à la Scala une inoubliable 'Cavalleria Rusticana' pour trouver un succès comparable: la multitude des rappels, les cris d'enthousiasme, si nombreux, que, pour une fois, on  ne remarquait pas la détestable 'claque' qui sévit dans ce théatre, noyée, submergée par les bravos de la salle tout entière". (Monique Barichella)

Aunque la 'claque' de la Scala no olvida ni perdona... esperarían 10 años si hacía falta, hasta la mítica -y única- Anna Bolena de 1982... Ciertamente, en 10 años la Caballé había perdido parte de su seguridad (el "senza mai un attimo di incertezza" empezaba a no aplicar), y en cuanto al público milanés Monique acierta de pleno: es el más frío y entendido de todo el planeta. Pero eso ya llegará, de momento quedémonos con el doble mérito de esta Norma de hoy...

(PS3 Norma de estudio)

Disculpad pero este tema me tiene mosqueado. Mirad lo que he encontrado traspapelado en el álbum de 1973... La crítica francesa del disco de RCA!!


Interprétation: 8,5
Qualité technique: 6,5

Bueno, os lo resumo. Compara los tres registros emblemáticos de esta obra, a saber: el primero de la Callas en 1954, dirigida por Serafin y acompañada de Stignani, Rossi-Lemeni y Filippeschi; el de Sutherland en 1965, dirigida -como no- por Bonynge y acompañada de Horne, Alexander y Cross; y éste de Caballé de 1972.

A pesar de que en la reseña se afirma que "prise dan son ensemble, et sur le plan du chant pur", esta última versión "est probablement la meilleure, et où triomphe Montserrat Caballé", y se da por ganadora "sans rivale" a la Superba en el "Casta diva..." y resto de "scènes d'atmosphère" como "O rimembrenza..." o "Qual cor tradisti...", sin embargo en las partes más dramáticas es la Divina Callas quien se lleva claramente el gato al agua; por último, en los duetos entre las dos féminas protagonistas, es la pareja formada por la Stupenda Sutherland y Marilyn Horne la que se bate mejor el cobre. Por tanto... ¿tablas?

"Conclusion: Callas (1re version 1954) pour un souvenir inoubliable, Caballé pour un présent parfait".

(PS4 Norma estudio bis, y dale...)

En la discografía crítica al final de su biografía oficial, Pullen y Jay-Taylor asumen como muy superior la versión en directo de Orange'74 a la de estudio de 1972, aunque reconocen que "a la grabación de RCA nunca le han faltado admiradores":

Desde su tribuna de Gramophone, Richard Osborne afirmaba: "[Caballé] canta con pureza clásica; su moderación nos conmueve hasta las lágrimas (...) Es una interpretación de la ópera, y del papel principal ante todo, que ningún amante de la gran obra de Bellini (ni ningún amante de la lírica) puede permitirse olvidar".

(PS personal final, y ya)

En fin chic@s, quizás lo que me pasa es lo que a Paco... que soy tan monógamo de la Superba que me paso de perfeccionista. Además, no sé de qué hablo, si la primera vez que la vi en directo era ya casi siglo XXI... (gran oooohh!). ¡En el fondo soy un "viudo de la Caballé"!... Alea jacta est, mi etapa lírica toca a su fin. Como decíamos al comenzar el post, "la vida es tomar decisiones"... Tranquilo Narcís, la noche de Die Walküre nos correremos una buena despedida, demana't festa l'endemà!! Pero en verdad os digo que no es el círculo que se cierra, sino la primera jornada de la nueva era. El Rubicón ha sido cruzado. La era sinfónica ha comenzado. Cabalguémosla con determinación... ¡Quién tema la punta de mi lanza, nunca atraviese el fuego! Ha sido un placer, amigo mío.


Els Siset Aragall, pare i fill, a la bodega del Clot

"El amor de Brunilda y Sigfrido se enciende como se encendió en Siegmund y en Sieglinde: de forma breve y misteriosa. Pero Brunilda es algo más que una mujer terrenal: viven en ella los conocimientos primordiales de su madre Erda y de su padre Wotan. Y Sigfrido es una encarnación nueva, más noble y más libre, de Siegmund. El gran drama cósmico al que Wagner dio forma en cuatro extensas jornadas teatrales tiene su cénit en el amor de esta pareja a la vez humana y sobrehumana".

(Kurt Pahlen, Diccionario de la Ópera, EMECÉ Editores, Barcelona, 1995)