martes, 31 de diciembre de 2013

Freude, schöner Götterfunken...

DE NUEVO CON vosotros amig@s. Nacida en el barcelonés barrio de Gràcia una noche de la primavera de 1933, los primeros recuerdos de Montserrat Caballé datan de apenas 6 años después, cuando asistió a una representación de la Madama Butterfly con Mercedes Caspir en el papel principal: "Cantaba Mercedes Caspir. Disfruté inmensamente de la obra, pero al final me conmocionó, pues no esperaba que Butterfly muriese (...) El aria Un bel di, el último año que vivimos en la calle Igualada, no hice más que escucharla una y otra vez, y en la Navidad de 1940 se la canté a mis padres como regalo" (Casta Diva, Pullen and Jay-Taylor, Plaza&Janes, 1995).

Placa colocada por el Ayuntamiento de Barcelona
en la casa natal de Caballé


De 1941 a 1955 nuestra diva estudia  en el Conservatorio del Liceu, gracias a la ayuda económica de la familia Bertrand, quien asume el coste de sus estudios allí: "Tal excepcionalmente generoso mecenazgo abarcaría todo el período de estudios vocales de Montserrat y se extendería hasta que obtuviera su primer contrato permanente" (Pullen and Jay-Taylor, op.cit.).


Montserrat junto a miembros de la familia Bertrand
mientras escuchan a Alicia de Larrocha en 1954

Y ya estamos en el año del debut profesional de Montserrat Caballé, 1955. Éste se produce en la ciudad de Valencia, gracias a a los buenos auspicios del maestro Napoleone Annovazzi, compositor de origen italiano que a comienzos de los años cuarenta fue director de orquesta habitual en el Liceu. Éste propuso a Caballé que cantara con la orquesta de cámara que había fundado años atrás y para la que había conseguido un interesante programa de actuaciones esa temporada. Sin embargo, Annovazzi hizo algo más, lo más importante -y lo más difícil quizás- que puede hacer un maestro con un cantante novel: la situó en su repertorio. Como ella misma recuerda: "En aquellos tiempos yo llegaba hasta un fa agudo, lo que  significaba que la Königin der Nacht quedaba dentro de mi tesitura... por los pelos. Pero Annovazzi fue muy claro al hacer la valoración de mi voz. Me dijo que en realidad yo era una soprano lírica, y que si era lo bastante tonta como para buscarme la vida como coloratura (...) no había duda de que acabaría perdiendo la voz" (Pullen and Jay-Taylor, op.cit.).

Si el maestro italiano fue por tanto la "dirección" y el engarce entre los últimos años de conservatorio y los primeros años profesionales de la Superba, es obligado reseñar muy brevemente a dos grandísimas damas que también influenciaron -y de qué manera- a Montserrat Caballé en los 40's. Se trata de Conchita Badía (la "inspiración", pianista y grandísima soprano ella también, amén de profesora particular de lied de Montserrat) y Eugenia Kemmeny (la "técnica", a ella debe -entre otras muchas cosas- el aprendizaje de sus legendarios pianissimi). Respecto a Badía, como reconoce la propia Montserrat en este trailer del documental Conxita Badia no existeix (documental de obligada revisión, absolutely moving... fue mi voto en la edición del In-edit de 2012): "Era única, única... Si jo serveixo per deixar empremta, la que haig de deixar és la d'ella". Y por lo que hace referencia a Kemmeny, Montserrat afirma en Casta Diva: "Cuando estaba en segundo de voz le pregunté a Kemmeny si podría conseguir el pianissimo de Miguel Fleta, y ella me dijo: 'Claro que puedes hacerlo; sólo es cuestión de práctica hasta aprender a proyectar el aire'".

Con Conchita Badía y Pau Casals


Con Eugenia Kemmeny

Estos tres personajes conformaron sin duda la "Santísima Trinidad" del lanzamiento de la carrera de la Superba, por la inestimable "sabiduría" prestada a la diva y por consensuar de alguna manera cuál debía ser su repertorio. Kemmeny -refiriéndose a la voz de Montserrat- la definía como una lirico-pieno (lírica pura), y todos estuvieron de acuerdo en que el papel más arriesgado en términos de tesitura que Caballé probaría de cantar sería el de Violetta, en La Traviata (Anécdota Jordi Suriñà: "la Caballé sempre deia que preferia cantar tres Norma seguides a una Traviata...").

Volviendo al debut valenciano, la obra elegida por Annovazzi es la Novena sinfonía de Beethoven, cuya parte coral como es conocido incluye un pequeño papel de soprano. El recinto que tiene el privilegio de acoger este histórico debut es el desaparecido Teatro Apolo de la capital del Turia, dentro de su temporada de otoño-invierno 1954-55. "Inaugurado en el año 1876, el Apolo se dedicó de manera especial al género lírico; fue derribado en 1969 y su desaparición provocó nostálgicos comentarios, ya que con ella se cerraba uno de los capítulos más entrañables y populares de la escena valenciana" (valenpedia lasprovincias.es).

Teatro Apolo de Valencia,  en la calle 
Juan de Austria (derribado en 1969)

Respecto a la actuación, como recoge la crónica de Las Provincias del 18 de enero de ese año, firmada por E.L. Chavarri: "Luego ¡la novena sinfonía! El grande, difícil y a veces fatigoso poema (...) No menos brillante y ardoroso, y entusiasta,  fue el éxito de ayer (...) La obra brilló sobremanera, tanto por la dirección de Annovazzi, como por la excelencia de los solistas. Con gran corazón cantaron Montserrat Caballé, soprano, y Maria Luisa Fandos, contralto, sus difíciles partes...".

  

Cabe apuntar que esta reseña de 1955 -la primera que de Caballé existe- no procede de la colección particular de Jordi Suriñà, quien, como ya dijimos en anteriores posts, inició su recopilación de críticas en 1965, finalizándola 10 años después, en 1974. Todas las crónicas anteriores y posteriores a esas fechas son mías, a excepción precisamente de esta primera valenciana. Debo su obtención a las buenas artes de Don Tomás Collado Gil (valenciano de pro, suegro ;-) y Don José Alcañiz Chanzá (amigo del suegro).

Sirva la crítica de Chavarri para dar inicio a la primera de las 3 etapas de la carrera de la Caballé, que podríamos llamar "La década del exilio" (1955-1964), o mejor aún: "¡De Valencia al mundo!", ya que hasta que llegue el debut neoyorquino,  los años "fundacionales" de nuestra diva transcurren básicamente entre Suiza (en el Staadttheater de Basilea obtiene su primer contrato firmado, de 3 años, y allí está fijada la fecha de su debut oficial, 17 de noviembre de 1956, con la Bohème de Puccini), Alemania ("el centro mundial de la música clásica", en palabras de la propia soprano), Italia (debutando en la Scala en 1960 en papel secundario como 'Muchacha flor' de Parsifal) y finalmente Mexico, donde en 1964 tiene el privilegio de cantar una Manon, una Tosca y un Ballo in Maschera en varias representaciones junto al insigne Giuseppe di Stefano.

Debut oficial de Montserrat como Mimí 
en La Bohème de Basilea, 23 años

Entre Valencia y Mexico es obligado no obstante resaltar tres fechas históricas:

1) La Salomé de Basilea en 1958 -"Strauss es mi compositor preferido, sin duda"-, la primera grabación sonora que existe de una ópera de Montserrat Caballé (editada por Gala en 2009, banda sonora de este post y que supone su debut en el papel a los 24 años). Esta publicación reciente da esperanzas a los amantes de la música en general de que continúe la recuperación -a cuentagotas, eso sí- del catálogo primigenio de la Superba... (Anécdota Jordi Suriñà: la propia diva guardaba como oro en paño la grabación de su Bohème de 1956 pero en algún momento se traspapeló...).

Montserrat como Salomé, 24 años

En la reseña que hizo Rafael Banús (Diverdi nº 184 / septiembre 2009) sobre la grabación de Gala puede leerse: "A los 24 años, la diva catalana nos ofrece un retrato de la caprichosa princesa de Judea que combina una insolente embriaguez vocal con unos acentos de una morbidez casi adolescente, creando un personaje enormemente turbador" (joder!, es para llorar no?!).

2) El Don Giovanni de Lisboa en 1960, en el papel de Donna Elvira, junto a la legendaria Teresa Stich-Randall como Donna Anna y Eberhard Wätcher en el papel protagonista (grabación de Connaisseur).

y 3) por supuesto, su debut en el Liceu de Barcelona con la Arabella -de nuevo "su" Strauss- el 7 de enero de 1962, debut recogido en crónica histórica por el compositor Xavier Montsalvatge (apunte del autor respecto a la memoria histórica: sería deseable un poco más de iniciativa del coliseo de La Rambla para recuperar el extraordinario registro sonoro de "50 años" de carrera... si el recopilatorio del aniversario es todo lo que puede dar de sí el Liceu apaga y vámonos...). A continuación la foto oficial del debut barcelonés:
  
Montserrat como Arabella, 28 años

Sin duda esta experiencia "iniciática" internacional -básicamente alemana y en Alemania-, le dio solidez suficiente -"los cimientos de mi carrera"- como para poder afrontar los numerosos retos que el futuro le deparaba. Terenci Moix lo explica mucho mejor: "la línea de riesgo continuo y un gran fervor por la aventura" fueron sin duda rasgos distintivos de Montserrat Caballé a lo largo de toda su carrera.

FINALICEMOS ESTE POST -y la mención a los primeros 10 años de carrera de Montserrat Caballé-, citando al maestro Montsalvatge, quien en su crónica del 9 de enero de 1962 en La Vanguardia Española escribe lo siguiente: "Con Arabella hizo su presentación en España la soprano Montserrat Caballé, que en importantes escenarios extranjeros, especialmente de Italia, Alemania y Suiza, ha conquistado un prestigio comparable al de las más cotizadas cantantes actuales. Es admirable que Montserrat Caballé, formada artísticamente en el Conservatorio del Liceo, haya escogido para su primera manifestación ante nuestro público una obra tan tremendamente difícil, que le obligó a emplear a fondo sus mejores facultades, sin contar con la compensación de los aplausos que podían haberle procurado una Bohème, una Tosca o cualquier ópera italiana (sic)".

Crítica de Montsalvatge sobre el debut barcelonés de 1962

Prosigue Montsalvatge definiéndonos el tipo de voz de la Caballé y sus dotes escénicas: "Para la ópera alemana Montserrat Caballé posee unas dotes excepcionales. Su voz es clara, limpia, de un timbre que, sin ser penetrante, puede traspasar sin dificultad esta especie de 'barrera del sonido' que es la orquesta de Strauss (...) Debe ser la confianza que tiene la artista en el volumen de su voz que a veces la emplea con circunspección, complaciéndose en los pianos, en sutilizar el fraseo (...) Es una gran intérprete, no solamente por la clase de su voz, sino también por haber superado todo cuanto necesita dominar una cantante de ópera. Su dicción es de una musicalidad exquisita. Se mueve en la escena con aplomo, sobriedad y calma, pero jamás inexpresivamente. El espectador tiene la sensación de que ve y escucha una artista formada en la mejor escuela de canto, poseedora de una experiencia de las tablas considerable".

Y finaliza el compositor: "¡Qué agradable comprobar que esto lo ha conseguido una artista nuestra en plena juventud!".

Feliz Año Nuevo amig@s

(PS: en el próximo post situaremos en contexto las dos décadas centrales de nuestra diva, de 1965 a 1984, PERO su detalle lo dejaremos para el final del blog, como los buenos postres... Antes "despacharemos" los highlights de la tercera y última fase, a partir de 1985) 

(PS2 para muy muy interesados: el catálogo de óperas cantadas en el "exilio" es increíble; además de las mencionadas, nuestra diva asumió por primera vez roles tan enfrentados como Pamina en La flauta mágica, la Fiordiligi en Così fan tutte, la Leonora en Il Trovatore, la Marina en Boris Godunov, la Nedda en Plagiacci, Tosca, las tres heroínas de Les Contes d'Hoffmann, Traviata... amén de debutar La Atlàntida de Falla y El Pessebre de Pau Casals)

martes, 24 de diciembre de 2013

Oh rimembranza, un sogno d'amore...

HOLA DE NUEVO amig@s, como decíamos ayer... "ese viaje en el tiempo había empezado nada más cruzar el dintel, pues en la entrada se ha dispuesto una pequeña capilla de adoración a la soprano Montserrat Caballé. En las paredes hay fotos dedicadas, algunos otros recuerdos y un armario de puertas abiertas, a modo de vitrina para un maniquí, donde se exhibe el vestido de reina que la diva lució en una velada triunfal representando a Isabel I de Inglaterra en el Roberto Devereux de Donizetti: 'Oh giorni avventurati, oh rimembranza, un sogno d'amore la vita mi parve...'" (Ignacio Vidal-Folch, El ciclista del capitel). Junto al vestido, otras dos reinas: Georgina Surinyà, sobrina de Jordi, y su cuñada Eli Sanglas.


Roberto Devereux (final scene, Aix-en-Provence 1977)

Ah! Las reinas donizettianas... Cuántos compositores deben a nuestra diva la recuperación de un repertorio que había permanecido en el olvido durante décadas... En especial Donizetti y sus tre regine: Anna Bolena (1830), Maria Stuarda (1834) y Roberto Devereux (1837), miembro de la corte de Isabel I de Inglaterra... En honor a la verdad hay que decir que la Caballé fue la continuadora de una tarea iniciada por ilustres colegas suyas... Como reconocía hace muy poco Mariella Devia: "La Caballé dijo una vez una cosa magnífica: que la señora (Leyla) Gencer había descubierto este repertorio, la señora (Beverly) Sills lo había grabado y ella lo había cantado. Qué maravilla".

Efectivamente, la Superba cantó las 3 óperas en numerosas ocasiones -curiosamente debutándolas en orden inverso a su creación, y todavía más extrañamente sin grabar en disco ninguna de ellas...- En concreto, Roberto Devereux y Maria Stuarda las debutó en Nueva York (1965 y 1967, respectivamente), mientras que sorprendentemente hubo que esperar 15 años (!) a que debutara la Anna Bolena en sendas representaciones en el Liceu y la Scala a principios de 1982, por cierto esta última no exenta de polémica: el coliseo de Milán, siempre muy exigente con los grandes, la silbó la noche de la première al fallar el agudo de entrada en el Al dolce guidami... del 2º acto, como se puede apreciar en una grabación histórica de MYTO (que sí, estoy escuchando mientras redacto estas líneas :-). Sin embargo, nuestra diva se repuso y acabó cantando auténticamente como los ángeles un aria que dominaba como pocas, con ovación final de gala incluida (posteriormente, dolida, renunció a interpretar las siguientes funciones contratadas).

Es en esta época cuando, tras 17 años en la cumbre, empiezan a aparecer en prensa las primeras salvedades (serias?) sobre el estado de forma de Montserrat Caballé. Como bien se encargó de recoger su devoto Terenci Moix en una tribuna memorable en El País (La Caballé recupera su cetro en Barcelona, 27 de junio de 1982): "Este es un país de memoria tan escasa que puede borrar el triunfo de un mes antes, en provecho de la fácil chirigota por un desliz momentáneo. Que el periodista citado no recordase que, antes de los problemas de Anna Bolena, Caballé conoció los triunfos seguidos de la Semiramide y la Turandot de París es tan imperdonable (...) Era como si el reinado de Caballé no hiciese sino empezar. Y, sin embargo, hace ya diecisiete años que dura".

Pero disculpadme, acabábamos de entrar en el templo de Jordi Suriñà y yo me he emocionado con Donizetti sin casi pasar de la entrada!! Sigamos con la visita virtual. Nada más entrar en el restaurante, a mano izquierda, había un pequeño comedor privado de una de cuyas paredes colgaba la que para mí era sin duda la "joya de la corona" de la colección (hablando de reinas...). La foto ampliada de la mítica Norma de la Scala en 1972 ("Yo la presencié, y nunca había visto al público de la Scala tan enfervorecido", reconocería Plácido Domingo años después).



Esta foto tiene su historia particular, entrañable para mí. En primer lugar porque estoy al lado de un gran amigo, Narcís Aragall (nada que ver con el tenor ;-). Y también porque fue la primera vez que fui al restaurante de Jordi. Éste salió a recibirnos a la entrada. Una vez hechas las presentaciones, y antes siquiera de que pudiera iniciar la visita guiada a su templo, instintivamente giré la cabeza y vi "la" foto. De inmediato exclamé: "Ah, la Norma de la Scala". Nunca olvidaré la cara de felicidad y sorpresa de Jordi. "Com ho saps?!". Creo que en esos pocos segundos me gané su estima. Nunca se cansaba de recordar a todo cliente que entraba cuál era su ubicación exacta en la platea del teatro esa noche memorable. De hecho, de tanto señalarse, se había borrado!! Había un punto blanco en su lugar :-)))).

En otra sala del restaurante, antes de llegar al comedor principal, había colgadas otras 2 joyas: los carteles de dos de las noches legendarias de la Caballé: la Adriana Lecouvreur del Liceu con Carreras y la ya mencionada Norma de la Scala, ambas de 1972.


 

Dos detalles más cercanos a continuación. El primero es una de las fotos promocionales de la Caballé al inicio de su carrera, y el segundo una instantánea de la soberbia Turandot de Paris en 1981 (la misma que menciona Terenci en su artículo). Sobre todas estas representaciones históricas nos ocuparemos a su debido tiempo.

  

Y aquí finaliza la visita virtual prometida al Sant Jordi de Canet. Es difícil transmitir por escrito lo que suponía visitarlo para un amante de la ópera como yo. Pero se ha intentado al menos. Desde luego sirva como testimonio histórico, el local se encuentra cerrado hace años y desconozco el paradero final de todas las joyas... Excepto los álbumes, claro!

Uy, se me olvidaba la última foto: de justicia es añadirla antes de la despedida. Georgina y su chico, Xavi Aragall, escuchando con atención la sabiduría de Jordi cuando todavía se podía fumar en los restaurantes... Una época aquella -al igual que la misma de Caballé y la extraordinaria estirpe de cantantes españoles de su generación, como Victoria de los Ángeles, Teresa Berganza, Pilar Lorengar, Alfredo Kraus, Jaume Aragall, Plácido Domingo, Josep Carreras, Pedro Lavirgen, Josep Pons o el propio Bernabé Martí- que difícilmente volverá...


SI OS PARECE, dejamos la descripción prometida de las 3 etapas principales de la carrera de la Superba para el próximo post... Creo que éste ya me ha salido suficientemente largo (¿demasiado quizás para el mundo virtual?). Aguardo vuestros comentarios y sugerencias al respecto.

Feliz Navidad a tod@s!!

(PS: no me puedo resistir... Al dolce guidami en el concierto de la Salle Pleyel de París en 1966, su debut allí y el primer registro audiovisual de Caballé que se conserva... 16 años antes de la Scala)

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El sacerdote del templo

"El sacerdote de este templo y dueño del restaurante es Jordi Suriñà, amigo personal de Montserrat Caballé y coleccionista de todas las reseñas y críticas que se han hecho sobre ella, que conserva en abultados álbumes. Mediados los años sesenta, este señor Suriñà no era aún un gran restaurador; tenía una empresa de bisutería y complementos de moda especializada en alta costura, y su admiración por la primeriza cantante, que acababa de deslumbrar al Carnegie Hall sustituyendo a la oportunamente indispuesta Marilyn Horne, le llevó a confeccionar para ella unas joyas gratis et amore, ars gratia artis, sólo por amor al arte. Así la conoció, trabaron amistad y desde entonces y durante décadas se encargó de sus joyas y sus vestidos. Suriñà tuvo el enorme privilegio, incomparable para los aficionados al bel canto como él, de acompañar a la diva por todos los teatros de ópera del mundo colaborando en sus éxitos y disfrutando entre bastidores de sus interpretaciones".

HE QUERIDO que las primeras palabras que escribo en este "mi primer post de mi primer blog" sean citadas. Ello, además de ser toda una declaración de principios, me ha ayudado enormemente a describir de manera sintética a este personaje tan atractivo, generoso, poliédrico y lleno de vida que siempre fue Jordi Suriñà. Las escribió en 2006 el periodista Ignacio Vidal-Folch en el diario El País, en su artículo titulado “El ciclista del capitel”, tras una visita al legendario restaurante-templo Sant Jordi de Canet de Mar, la cual, según su propias palabras, “fue como volver a principios del siglo XX”.



Con este blog pretendo rendir un humilde pero muy sentido doble homenaje: a la DIVA, por supuesto -para mí, sin duda, la mejor soprano de la historia-, pero sobre todo al AMIGO, precisamente dando a conocer una pequeña selección de algunas de esas reseñas incluidas en los (ocho) “abultados tomos” de la colección personal de Jordi, colección que tuvo la gentileza de regalarme poco antes de fallecer. Ellas me ayudarán a trazar mi personal visión de la que fue la 'Década prodigiosa" de la soprano barcelonesa, aquella comprendida entre el "overnight success" -en palabras de Marilyn Horne- de su debut en Nueva York con la Lucrezia Borgia el 20 de abril de 1965 y la mítica Norma de Orange el 20 de julio de 1974 ("la mejor representación grabada que sobre mí existe", en palabras de la propia Caballé). A continuación os anticipo la primera y última reseñas de la colección, de 1965 y 1974, respectivamente.

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Como curiosidad, ese año 1974 nuestra soprano lo inició y lo finalizó en el Liceu en sendas óperas de Verdi -la Aida y las Vísperas sicilianasjunto al incombustible Plácido Domingo. En ambas se encuentra para mí la cúspide artística de una de las parejas míticas de la historia de la ópera (al nivel de aquellas de Callas-di Stefano o Sutherland-Pavarotti), y las dos fueron ricas en anecdotario... en su momento volveremos a ellas. 

Durante muchos años, la Caballé nunca faltó a su cita navideña con el coliseo de La Rambla, lo que le permitía pasar las fechas en familia y celebrar al menos una reunión anual en el Sant Jordi. En 1975 se inicia la segunda década de Montserrat Caballé en lo más alto del pedestal lírico mundial. Si tuviera que poner fecha final a estos 20 años centrales de su carrera, sin duda elegiría el 13 de julio de 1984, noche del memorable Don Carlo de Orange (de nuevo Francia... en el país vecino la "adoraban") junto a Jaume Aragall. Ninguna otra soprano, ni siquiera la Callas (apenas 10 años al máximo nivel, 1949-58), puede compararse –ni en tiempo sobre los escenarios, ni en extensión de repertorio- a la Caballé. Sin duda este último aspecto -el hecho de haber representado más de 80 papeles a lo largo de su carrera- unido a una salud siempre delicada, hizo que a partir de 1985 tanto su voz como su resistencia física empezaran a flaquear. Es ese año cuando cambia radicalmente el repertorio de la SuperbaLa Tosca del MET junto a Luciano Pavarotti en 1985 podría ser perfectamente el punto de partida de la tercera y última fase, todavía en curso por lo que parece, de nuestra diva.



A partir de los próximos posts repasaremos, a través de las crónicas de Jordi Suriñà, todos y cada uno de esos "soberbios" 10 años, reuniendo en síntesis lo dicho por los críticos junto a las innumerables anécdotas contadas por Jordi en las prolongadas sobremesas de su restaurante de Canet. Completaremos cada entrada con una selección de las 5 mejores óperas del año respectivo, lógicamente bajo mi criterio de amante -en absoluto experto- de la ópera en general, y en particular de las actuaciones en directo de Montserrat Caballé, de las cuales poseo no menos de 150 grabaciones (“through the magic of bootlegging”, como decía Springsteen a finales de los 70’s ;-).

OS DEJO con una foto entrañable de esas sobremesas en el Sant Jordi, nuestro AMIGO en el centro, rodeado de familia, amigos y chicas guapas. 




Jordi, fue un placer conocerte, escucharte y compartir contigo tantos y tan buenos momentos. Al igual que a Vidal-Folch, para mí entrar en tu restaurante significaba tocar el cielo, literalmente. Nunca se me olvidará aquella velada en la que pusiste en tu reproductor la grabación radiofónica de la Bohème del Liceu junto a Luciano... cómo te gustaban las "a's" de Pavarotti a todo pulmón... Muchas gracias por todo. 

Desgraciadamente me encontraba de viaje en Francia cuando te fuiste, así que no pude comprobar si viste cumplido tu último sueño… En cualquier caso, ahí va mi sentido homenaje en vídeo, tu Poveri fiori... en la "versión de versiones": Tokyo 1976 con Josep Carreras.

Poveri fiori (Adriana Lecouvreur, Tokyo 1976)

Salud y Música amig@s!

(PS: en el próximo post haremos una visita virtual al Sant Jordi de Canet a través de fotos tomadas por mí, y esbozaremos cuáles fueron las 3 etapas de la carrera de la Superba, con sus principales puntos álgidos)