martes, 29 de abril de 2014

Para mejorar el Liceo

(20è i últim post de Poveri fiori; dedicat a Sisco Suriñà)


"Sr. Director de Destino,

El Gran Teatro del Liceo es actualidad en estos momentos, debido a su temporada de ópera. Por ello quisiera expresar, desde esta amable sección, algunos puntos de vista que no creo perjudiquen en nada la reputación de tan excelente Teatro y sí, en cambio, podrían abrir un camino al diálogo y a la crítica constructiva.

Debido a su carácter de teatro privado y sin subvención estatal ninguna, las temporadas de ópera deben organizarse contratando las primeras figuras, así como los decorados, vestuario, directores de escena, etcétera. Ello representa un esfuerzo increíble, casi fastuoso. Felicitémonos por el milagro de ver alzarse el telón, cada año, y de ver aparecer ante nosotros a todas las grandes figuras del canto. En este aspecto, el Liceo es tan importante como cualquiera de los "grandes" de la ópera.

Como voces, oímos a todas las voces eminentes. En una temporada de Liceo somos más afortunados que en un año de "Ópera de París", por ejemplo. Los que estamos al corriente de lo que pasa en el mundo lírico, nos sentimos satisfechos de las "voces" que llegan al nuestro. Crespin, Shuart, Zeanni, Grob-Prandl, Caballé, Barbieri, entre las cantatrices; Bergonzi, Blanc, Craig, Hopf, Aragall, Protti, Tucker, entre los cantantes, son primerísimos artistas mundiales que pocos teatros pueden reunir en una sola temporada. El Liceo lo hace. Y, aun así, estas voces prestigiosas no impresionan demasiado al público barcelonés, acostumbrado como está a los éxitos memorables.


Hasta aquí, pues, el Liceo merece la admiración más sincera. Pero... Hemos también de convenir que la OPERA, así, en general, comprendiendo en este término la ópera tradicional y los intentos contemporáneos de ópera nueva, es un espectáculo imperfecto y dejaría de existir sin la ayuda y el aliento de otros valores a los estrictamente musicales. Podría quedarse en algo estancado y sin validez "actual". Digo "podría" quedarse. Con ello intento explicar que hay muchos factores que hacen de la ópera un arte perfectamente válido en el mundo, tan sacudido por nuevas corrientes, hoy.

Pero necesita una savia renovadora que no la limite a un espectáculo excesivamente arbitrario, "demodé". Las grandes voces, los divos y las divas, llenan los teatros con cualquier obra, por caducados que sean sus valores escénicos o musicales, pero este hecho no atrae de por sí a "todo" el público, joven o no, que iría si este mismo espectáculo estuviera presidido por un real deseo de renovación. Renovación en el aspecto interpretativo, pero sobre todo -y a esto quiero dirigirme desde el principio- al aspecto "puesta en escena".

No hay duda de que es aquí donde el Liceo no puede competir con los otros grandes teatros. No se me escapa que es casi imposible presentar una temporada con grandes direcciones escénicas, dándose solamente tres representaciones de cada obra. Conocidos los límites económicos de nuestro Liceo, sería casi imposible formularle reproches, a no ser por el exceso de negligencia en algunos aspectos que podrían mejorarse perfectamente. Daré algunos recientes ejemplos.


Para la "Aida" de este año se han aprovechado los decorados de Mestres Cabanes, no solamente excelentes, sino incluso adecuadísimos al ambiente de "pastiche" de la acción. Pero lo intolerable era la pobreza indescriptible del cuadro segundo del acto segundo. Radamés apareció triunfante montado en un carrito de planchas de madera pintada, digno de un cromito infantil. Los guerreros -escuálidos extras, sin dignidad militar alguna- llevaban unos cascos de cartón pintados de purpurina plateada dignos de unos "Pastorets" de barrio. El vestuario, aparte el del ballet y los protagonistas, era lamentable; las palmas de papel o plástico, etcétera. ¿Es posible que en toda Barcelona no puedan encontrarse verdaderos cascos de metal refulgente y que Radamés no pueda aparecer de una forma más digna y noble?

También el vestuario y los accesorios pueden erigirse en protagonistas del teatro. El movimiento de los coros y de los comparsas necesitan de una dirección exigente. Conozco el ingente problema de acordar todo esto. Pero convengamos también que lo que hace falta es un verdadero DIRECTOR DE ESCENA, uno de estos artistas que han sabido renovar el interés por la ópera en los grandes escenarios. Zefferelli, Visconti, Margarithe Walman, Rouleau, etcétera, son nombres habituales en las direcciones escénicas de Milán, París, Nueva York, Buenos Aires... Estos artistas han sabido "recrear" las obras del repertorio clásico, transformando lo anodino o añejo en algo pleno de emoción, en un "clima", en una atmósfera nueva.

Las luces han sido estudiadas según el color de los decorados, pero también según la escena o la música. Los coros -Walman lo sabe muy bien- pueden moverse con cierta naturalidad y ocupar distintos planos de los tradicionales. Con el mobiliario, los accesorios, las cortinas, cuando no pueden obtenerse unas versiones dignas y fieles, se recurre con talento a la estilización, a la supresión. El conjunto de todos estos detalles, la forma de hacer mover a los cantantes, lo conoce muy bien el director de escena. Sólo él podrá ofrecer una obra "acabada" y el Liceo no debe economizar el gasto que supone contratar alguna de estas figuras.


No pretendo que la actual empresa debe traernos a un gran director para cada ópera, pero sí debería hacerlo para dos o tres por temporada. Una "Tosca" dirigida por Visconti y cantada por Crespin sería un momento álgido que atraería al Liceo la curiosidad no ya de los barceloneses, sino también mucha crítica europea. Debemos ganar para la ópera a la juventud inquieta, musical, que se interesa por todo cuanto es una lucha por la belleza y el arte. Tenemos lo más importante: el Teatro, el público y una Empresa que nos lleva las voces. Faltan directores. No todos a la vez. Pero algunos cada temporada para que también "otro" público comparta los oros de la bellísima sala, para que nuevos aplausos aclamen estos nuevos nombres, para que nuestro Gran Teatro sea agrandado en lo posible.

Y que la crítica musical barcelonesa, ahora tan discreta y sosegada, tenga motivos para despertarse del letargo. Fuera de nuestro país, una crítica de ópera dedica grandes espacios a la realización escénica, tanto o más extenos que a la parte musical. Ello es síntoma evidente de la importancia de cuanto he dicho anteriormente.

Antes de terminar esta carta quisiera felicitar muy cordialmente al actual empresario del Liceo, don Antonio Pamies, por el éxito que representa para él y para Barcelona habernos traído las voces más solicitadas en todo el mundo lírico".


Jorge Suriña
Cartas al director - Revista Destino
Barcelona, 11 diciembre 1965


Sobre conmemorativo 125 Aniversario del Gran
Teatro del Liceo
(1972), autografiado por la DIVA
(Colección Jordi Suriñà)














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