martes, 8 de abril de 2014

In questa reggia (1975-79)

BUENOS DÍAS CHIC@S, seguimos adelante con los años gloriosos de Montserrat Caballé, aunque ya de forma más sintética. Hoy nos centraremos en el período 1975-79. 


Tosca, Africaine, Medea, Forza, Andrea Chénier... Nuevo repertorio.

Durante estos 5 años, nuestra diva preferida vira claramente su repertorio hacia el verismo, además de no dejar de pasear la Norma por todo el mundo. La voz se va oscureciendo, a medida que pierde agilità, aunque los legendarios pianissimi permanecen...


Y lo que sin duda también permanecía era la amistad de Montserrat con Maria Callas. La eximia soprano griega -ya sin voz- le pide que la sustituya en una serie de representaciones de Tosca que tenía apalabradas en Japón con su histórico parteneire, Giuseppe di Stefano. Y para allí que se va la soprano catalana, al país del sol naciente, de hecho a hacerles un favor a los dos: por lo que parece el tenor italiano estaba falto de recursos económicos... De la velada lo mejor que puede decirse es que fue simpática. De nuevo un divertimento de la Caballé. Existen documentos de audio y vídeo disponibles en Internet por si los deseáis consultar.

Pero, sin duda, su apuesta más arriesgada del quinquenio ("la osadía permanecía") se produce con el asalto al papel principal de Turandot, la última de las óperas de Giacomo Puccini. La Caballé ya había interpretado el papel de la sirviente Liú (mucho más ligero) en los inicios de su carrera -en ocasiones al lado de la Principesa de referencia (Birgit Nilsson)- y a pesar de que había declarado años atrás que "nunca cantaré Turandot o Isolde, además de voz requieren volumen", volvió a desdecirse una vez más.

El personaje de Turandot, muy exigente por cuanto requiere de una voz plena y muy ancha capaz de superar la orquesta pucciniana, y que además cuenta con una dificilísima aria de entrada nada más empezar el segundo acto -In questa reggia-, no parecía especialmente propicio para una belcantista pura pero... Por si fuera poco, la partida la jugó "a doble o nada". Su debut sería nada menos que en la Scala, y en una producción especialmente diseñada para celebrar el 50 aniversario de la finalización de la ópera.


Dress rehearsal
La espectación era máxima, y por los documentos sonoros que se conservan de los ensayos, la interpretación de la Superba de un papel a priori tan alejado de su estilo fue más que convincente. Sin embargo, el día del estreno, 5 minutos antes de comenzar la función, canceló.

Sí amig@s, el propio director -el maestro Zubin Mehta- tuvo que salir a escena para comunicar al espectante público que "Montserrat Caballé è molto malato"... No le dejaron continuar, el pollo que se formó fue de tal órdago que al día siguiente era portada de todos los rotativos italianos. "Come previsto, come previsto..." se oye berrear a un espectador en las grabaciones que circulan...

Hay que decir que apenas una semana antes, la Caballé había cantado en el mismo escenario una Luisa Miller muy digna con Luciano Pavarotti, y venía de interpretar una Aida -escalígera también- a principios de año con un Carlo Begonzi ya mayor y algo justito por arriba, pero al público de la Scala -el más exigente (¿y maleducado?) del mundo- le dio igual, y no la perdonó.


Cuidada producción para una noche
histórica en San Francisco
Pero... no hay mal que por bien no venga. Esa cancelación le daría la oportunidad de poder debutar la Turandot al año siguiente junto al mejor Calaf de la historia: de nuevo el insigne y grandísimo Luciano Pavarotti, que también debutaba el papel masculino principal esa misma noche. Velada histórica, por tanto. La cita tuvo lugar en San Francisco y, aquí sí, el registro sonoro -cuidadísimo- que se conserva es excepcional. "Ambos" están sublimes, pero el mérito principal es para la que hizo la apuesta más arriesgada: la Superba. Aquí podéis escuchar su rendición del In questa reggia.

La crítica calificó la velada unánimemente de "outstanding success", como se encarga de recordarles a los artistas el periodista de turno en una simpática entrevista incluida en el doble CD publicado por Gala. "A triomph, to both the audience and the critics". Quede como testimonio final de esta actuación el mítico Nessum dorma, aria que a partir de aquella velada en San Francisco se convertiría en uno de los caballos de batalla principales del tenor de Módena, a pesar de que la ópera completa la representó en contadas ocasiones.

Mi "elección Caballé"
El segundo highlight que me gustaría destacar de este período es la legendaria Adriana Lecouvreur con Josep Carreras en Tokyo. La frase que constituye la dirección web de este blog desde sus inicios proviene justamente de esa noche toquiota, y si la memoria no me falla la pronunció Renée Fleming: "Her Adriana was Perfection".

Tanto Carreras como ella están sembrados, con una química que jamás tendría con ningún otro compañero de reparto, como puede comprobarse en la famosa "escena del pendiente". Según el tenor catalán, "jamás sintió nada parecido encima de un escenario".
De la velada se publicó una dignísima versión en DVD que es de obligada revisión.


Caballé con Karajan, histórico
1976 también está grabado a fuego en el historial de la Superba por ser el año en el que coincidió -por primera y única vez- con el eximio maestro Herbert Von Karajan, tras varios intentos frustados que ya han sido comentados con anterioridad en este blog. El motivo de la reunión fue una Messa da Requiem en Salzburg -acompañada entre otros de nuevo por Carreras- de la que también queda registro sonoro. Durante los ensayos, la diva y el maestro se las tuvieron con algunas discrepancias... de enfoque. Según el testimonio de la primera, al final Karajan le dijo: "Bien, si Ud. cree que debe hacerse así, lo haremos así"... En cualquier caso, no volvieron a coincidir. Y personalmente me quedo con la interpretación que haría la soprano catalana en la representación de Nueva York en 1980, con Domingo acompañándola y dirección de Mehta. Aquí os dejo el Libera me Domine de esa noche salzburguesa.

Bellísimamente cantada; lástima...
Y para finalizar este breve repaso al período 1975-79, antes de entrar en las habituales grabaciones seleccionadas, resaltaré el último (des)encuentro con Plácido Domingo. Con el artista madrileño seguía colaborando anualmente (Adriana'75 en Paris, Aida'76 en Nueva York...), pero la racha se truncaría en el Liceu de Barcelona en las navidades de 1977. La obra interpretada era L'Africaine de Meyerbeer, y aunque no se conocen bien los detalles del percance (algunos hablaron del hastío del tenor madrileño con el legendario clan Caballé...), debió de ser algo significativo, porque -con la salvedad del Requiem de NY en 1980- no se volverían a encontrar encima de un escenario hasta 1992!

El crítico Xavier Montsalvatge registraba la velada como sigue:

"Montserrat Caballé ha vuelto con las posibilidades vocales de siempre, extraordinaria en la dicción, en el color mórbido, en la pureza sin igual de sus filados, la fuerza resplandeciente de su melodismo especialmente persuasivo en el fraseo dramático. Es la Caballé de siempre cuyo divismo desata todos los entusiasmos justificadamente porque no traiciona la verdad musical de la partitura.

Lo mismo podemos decir de Plácido Domingo, divo igualmente pero cantante de rigurosa escuela, sólo efectivista porque su voz es espectacularmente rotunda, lo que fue apreciable sobre todo a medida que avanzaba la representación para culminar en el aria 'Oh paradiso' del cuarto acto, la más famosa".

La foto a continuación es histórica, por tanto. Ya parece la imagen de una ruptura, bien mirada, ¿verdad?


La última ópera compartida por la legendaria pareja:
Domingo-Vasco de Gama y Caballé-Sélika (Liceu'77)

Dejadme un segundo antes de pasar a las grabaciones, quiero revisar las reseñas del Liceu de este período a ver si hay algún detallito importante... Bien, algo hay. 

El 30/12/76 debuta la Medea en el Liceu. Se trata de una ópera de Cherubini -inspirada en la tragedia de Eurípides- que había sido recuperada del olvido por Maria Callas casi 30 años atrás. Con una puesta en escena atípica -por profesional, no habitual en el Liceu de la época- que fue lo más resaltado por la crítica, veamos el comentario sobre la actuación de Caballé:


"Montserrat Caballé hace una creación del papel protagonista, agotador, como una gran actriz trágica, dueña de sus recursos escénicos y de su portentosa voz que no se quiebra a pesar de estar sometida a una prueba suprema, obligada a constantes agudos peligrosísimos y a una dicción agitada y vehemente desde el principio al final de la obra".
(X. Montsalvatge)

Apenas un mes más tarde de esta Medea, en el mismo coliseo de La Rambla, celebra su representación #100 con una vieja conocida, la Salome de Richard Strauss. Veamos qué decía el mismo crítico:


"Montserrat Caballé encarna el complejo personaje con una fuerza expresiva impresionante. Su dicción con la que acentúa los impulsos turbios y voluptuosos que Wilde atribuye a la princesa Salomé, no parece sometida a la terrible prueba que representa cantar este papel musicalmente dificilísimo, vocalmente casi inabordable por las tensiones que en el mismo se acumulan (...) La Caballé ataca los agudos que parecen destinados a quebrar las cuerdas vocales de cualquier soprano con una claridad y rotundidad invariables. Y su trabajo se supera en la escena final, una página maestra, de una musicalidad profunda que compensa en todo momento la brutalidad de la acción. Es el fragmento de mayor categoría sinfónica de toda la ópera".



Y ya en 1979, de nuevo en el Liceu, se produce un doblete de la pareja Caballé-Carreras, con La forza del destino de Verdi (debutada el año anterior en la Scala) y el Andrea Chénier de Giordano. 


"En las primeras y últimas escenas la Caballé canta y actúa como siempre, poniendo a contribución sus prodigiosas facultades, su voz torrencial en las escenas de tensión, delicada, infinitamente clara y mórbida en los preciosistas filados que nadie actualmente puede superar en belleza y fascinación (...) Es imaginable que desde sus primeras intervenciones, pasando por su lamento 'Madre, pietosa Vergine', del segundo acto, y hasta el 'Pace, pace, mio Dio' del desenlace en el cuarto acto, la soprano catalana arrebata a todo el público...". (X. Montsalvatge)


Guapísima y dolosa Leonora, en una de mis óperas favoritas. 
De todas formas, el que estuvo insuperable y bravo esa noche fue Carreras, 
escuchad, ved y emocionaos aquí con su 'La vita è inferno all'infelice


Mención especial para Joan Pons
"'Andrea Chenier' seguimos  considerándola una pieza importante en el panorama 'verista'; por el libreto, de una autenticidad dramática superior (...) por el contenido melódico de la partitura en la que quedan bien dosificados sus efectos teatrales (...) Todo ello justifica que los mejores cantantes de ópera y del repertorio italiano no rehuyan su interpretación, y que 'Andrea Chenier' haya sido pretexto esta temporada para que coincidieran en la escena del Liceo dos grandes figuras... El triunfo de este 'tándem de divismo' ha sido total... 

La Caballé de siempre, superándose en desenvoltura como actriz, en su maestría de cantante, dio lo mejor de su voz y su expresividad en 'La mamma morta' en el tercer acto, provocando iguales ovaciones..." (X. Montsalvatge)

Bien, un poco repetitivo todo, ¿no? Pasemos a la discografía recomendada. Para no abrumaros, he seleccionado sólo tres discos por año, el último de ellos la grabación de estudio. Muy sucintos comentarios en las leyendas respectivas:


1975 nos trae un atípico Rossini (cuando todavía podía cantarlo), una más
de las rarities de Donizetti ("Montsy, si no rescatamos tú y yo estas piezas,
¿quién más lo hará?", le diría la Stupenda) y el estudio con Pavarotti

1976, los dos primeros ya mencionados en el post; la Tosca -con Carreras
y bajo la dirección de Colin Davis- es la que vino a sustituir al frustado intento
con Pavarotti y Karajan, ya comentado con anterioridad en este blog

1977 presenta el debut mundial de Caballé y Pavarotti en la Turandot;
todo lo demás ese año palidece en comparación a la velada pucciniana.
La grabación de estudio, obviamente, demasiado temprana.

1978 trae el debut en la Leonora de La Forza en la Scala, gran velada
("su voz se eleva a purezas siderales", destacaría la crítica);
una Tosca LEGENDARIA con Pavarotti en San Francisco, y la grabación de
estudio: el Ballo con Carreras y de nuevo dirección de Colin Davis

1979 destaca por el debut en un papel histórico de la Callas, La Gioconda,
con unos registros graves espeluznantes, definitivamente no había marcha atrás;
y un Aroldo donde yo aprecio por vez primera el "cambio" vocal. El año también

nos dejó la segunda, última y tardía colaboración de estudio con Alfredo Kraus, 
unos Puritani bellamente cantados pero que pasaron sin pena ni gloria...

NADA MÁS POR hoy. Hasta el próximo post chic@s, donde repasaremos el período1980-84. Pero antes de irme, os dejo una exquisitez, un auténtico lujo en forma de píldora, de elixir, de bebedizo mágico contra la mediocridad, un documento escondido de mi colección particular...


Una Adriana canaria, auténtica rarity, que por momentos
supera incluso a la versión de Tokyo; esto es acabar la
década con CLASE y lo demás... La única duda es a qué
suenan los ángeles-chicos: ¿a Pavarotti o a Aragall? 



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