domingo, 13 de abril de 2014

Bel raggio lusinghier (1980-84)

(Se adelanta el post semanal por las vacaciones de Pascua; los dos últimos recuperan su periodicidad habitual de los martes)

HI AGAIN FRIENDS, bienvenidos al segundo quinquenio de la segunda década prodigiosa de Montserrat Caballé.

El cambio de repertorio ya anunciado en el pasado post se consolidaría -y aceleraría- a partir de 1980. En esta primera mitad de década, la Superba continúa firme con su cuerpo central de óperas legendarias -las big5: Norma, Turandot, Tosca, Adriana y Forza- pero empieza a debutar nuevas obras y a recuperar algunas cantadas en los primigenios 60's, imagino que ya más adaptadas a su evolución vocal: Giulio Cesare, Vestale, Danaides, Herodiade, Armide,...  

Pero si hay que resaltar dos debuts históricos en este período -por motivos opuestos- son sin duda Anna Bolena  y Semiramide.

Anna Bolena (1831), obra del prolífico compositor Gaetano Donizetti, viejo conocido de la Caballé, fue la primera ópera de la denominada trilogia Tudor. A ella le seguirían Maria Stuarda (1834) y finalmente Roberto Devereux (1837). Sin embargo, como ya indicábamos en alguno de los posts iniciales, la Superba las debutó en orden inverso a su creación (1965, 1967 y... 1982!, respectivamente). El porqué esperó Montserrat Caballé 15 años a cantar el dificilísimo rol de la segunda esposa de Enrique VIII "remains unknown", pero a tenor de los resultados no parece que fuera una decisión acertada.


Anna Bolena, Liceu'82
El debut de la ópera se produjo el 5 de enero de 1982 en el Liceu, pero en verdad se trataba del ensayo previo para su presentación al mes siguiente en la temida Scala. Huelga recordar que, de nuevo, estábamos ante un papel "propiedad" de Callas y otras ilustres colegas, como Gencer y Sills. Y tampoco es necesario comentar que nuestra diva llevaba más de 10 años paseando la Norma por todo el mundo, papel exigente donde los haya, al que le había sumado recientemente otros no menos "graves" como la Turandot, Gioconda o Tosca, por citar tres ejemplos.

Y en esas condiciones, con la agilidad vocal ya algo mermada respecto de la época "donde nada se le resistía", se presenta en la Scala, en febrero de 1982. Parece ser que había comprometido cinco representaciones, y las dos primeras las canceló por "indisposición". Claro, la noche del debut la logione la esperaba de uñas. Y a pesar de haber logrado una actuación dignísima durante toda la obra (con algunos sobreagudos rarísimos en ella, como en la escena del juicio), la Superba llegó al final del segundo algo fatigada vocalmente... y quebró el agudo en el Piangete voi, recitativo previo a Al dolce guidami... Bien, ya os dije que en la Scala llevaban años esperándola... Pero nuestra diva, a diferencia de otros recientes astros que han abandonado directamente el escenario escalígero en circunstancias similares, se sobrepuso y canto el aria final como pocas veces se le había escuchado. La reacción "mayoritaria" del templo milanés habla por sí sola. Pero no fue suficiente, y Montserrat canceló el resto de actuaciones comprometidas. Sólo volvería a Milán en dos ocasiones más: un único Requiem en 1985 y una Salomé en 1987. Y Anna Bolena nunca más volvió a cantarla.

Yo de vosotros, antes de continuar, volvería a escuchar el aria de la Anna Bolena... ¿es un ángel cantando o no lo es?. De hecho, este post llevaba por título Al dolce guidami hasta que la razón se ha impuesto a la pasión (vaya coñazo, ¿no?). Porque si hay una ópera que representa a la Caballé de estos primeros años ochenta es sin duda la obra de Rossini Semiramide.

Estrenada en Venecia en 1823, destaca por los conseguidísimos duos entre las dos protagonistas, Arsace y Semiramide, pero sobre todo -como resaltaba el musicólogo Rodolfo Celletti- porque "It was the last opera of the great Baroque tradition: the most beautiful, the most imaginative, possibly the most complete; but also, irremediably, the last".


Semiramide, Aix'80
Pues bien, esta elección de nuestra diva sí que resultaría muy acertada, empezando por la compañera de viaje elegida, nada menos que Marilyn Horne. La crítica, ya desde la mítica noche del estreno en 1980 en Aix-en Provence, aclamaría las numerosas representaciones de manera unánime. La Caballé pasearía el papel rossiniano por medio mundo prácticamente durante todo el decenio: Aix, San Francisco, París, Nueva York, Hamburgo, Las Palmas, Avignon, Berlín, Madrid, Bruselas, Barcelona, Viena, Nápoles, Estocolmo, Goteborg, Copenhaguen...

"... la gran soprano cantó de forma realmente prodigiosa un papel (...) que reúne muchas dificultades y un gran lucimiento..." (Pau Nadal)

Podéis comprobarlo vosotros mismos si lo deseáis aquí: Bel raggio lusinghier. Pero qué digo!! Me olvidaba del mítico vídeo de su duelo con Horne que circula por youtube!!! Esperad, que lo busco, acabo de ver un icono que igual me sirve... A ver...





Ostras, qué moderno, y lo descubro ahora que se acaba el blog... la vida es aprendizaje, sin duda. Bueno, fijaos bien porque es EMOCIONANTE. Son 9 minutos de duelo rossiniano, que recordemos era el hábitat natural de Marilyn pero en absoluto el de Montserrat. Vocalmente para ella era agotador cantarlo, como podéis comprobar hacia el final del vídeo (sobre el minuto 7:30) con los primeros planos de la Caballé... Pero esa noche fue mágica, hasta el punto que acabaron abrazándose -eran grandes amigas, además de soberbias cantantes- y la Horne se arrodilló ante nuestra DIVA, en un simpatiquísimo momento... Joder, es emocionante de veras! Pensad que esta mujer venía de más de 15 años al máximo nivel, en la CIMA de la ópera mundial, en soledad, cantando un repertorio absolutamente transversal, haciendo más viajes que Willy Fog, con un tumor descubierto por medio... y recién iniciada la década, ¡1980!, cuando ya alguna crítica se le empezaba a tirar a la yugular, va y nos ofrece esta rendición absolutamente mágica con la Horne de un Rossini tremendamente comprometido para ella... (oye, agradeceré que por canal privado me digáis si también os habéis emocionado, a ver si soy yo solo y me tengo que hacer la ITV!). Y pensar que en 1989 se atrevió finalmente con la Isolde... ESCALOFRIANTE!

De principios de los 80's me interesa resaltar también -por la resonancia mundial que tuvo- su aparición como Turandot en París, en 1981. A pesar de que el reparto dejaba bastante que desear, ella estuvo sublime, como afortunadamente puede comprobarse en el registro que la televisión francesa hizo de la velada. La foto que acompaña este texto está tomada en el restaurante de Jordi Suriñà.


Estatuaria Turandot en París, 1981
"... Tengo para mí que Montserrat Caballé ha meditado así el personaje y lo traduce en una dimensión dignísima de princesa, pero no impermeable a los sentimientos. La tesitura casi brutal es respetada y acometida con suficiencia y poder, mas en la sutileza de muchos momentos menos fieros hay también una melancolía que nos presenta una nueva imagen de Turandot (...) la interpretación tiene clase, aunque carezca de la contundencia sonora de otras intérpretes (...) Montserrat Caballé ha sumado un éxito merecidísmo". (Joan Arnau)




Por lo que respecta a las actuaciones del período en el Gran Teatre del Liceu, a continuación os extracto lo principal; todas las reseñas proceden de La Vanguardia:


Vestale, Giulio Cesare, Ariadne auf Naxos, Rosenkavalier,...
¿qué hacía la Superba debutando Anna Bolena en los 80's?


Tras el triunfo americano, la presentación europea
Turandot (2/1/80)
"La razón principal de este éxito ha sido la presencia de Montserrat Caballé (...) en el papel protagonista de esta Turandot que ha cantado por vez primera en Europa, asumiendo y superando todas las dificultades del rol con una energía, aplomo y brillantez vocal admirables..." (X.M.)



El estigma de Anna Bolena...
Anna Bolena (7/1/82)
"Montserrat Caballé, protagonista de un papel arriesgado y difícil, pero que ha de dominar sin problemas en circunstancias normales, inició su actuación con evidente prudencia, pero su personalidad y el sentido de la profesionalidad se impusieron poco a poco para ofrecer una muestra más de su pureza de estilo, de su musicalidad y de su inigualable técnica de la emisión. La versión del personaje fue a más y en el aria 'Al dolce guidami' consiguió dar una clara imagen de poder, de sensibilidad y de saber estar en los momentos difíciles". (Joan Arnau)




Imperial Cleopatra, belleza serena
Giulio Cesare (10/06/82)
"Me refiero a la escenografía y al coherente vestuario, ambos como expresión de una época de grandiosidades (...) La excelencia de la representación se ha dado, asimismo, en el aspecto musical (...) El maestro Ralf Weikert ha conducido la interpretación con un concepto claro y válido de la música de Haendel, sin recargar las tintas del barroquismo, pero dando al discurso musical una florida vivacidad (...) En representación distinguida por la unidad y la notable categoría artística de conjunto (...) una Cleopatra que fue lujo artístico en la versión de Montserrat Caballé.

Si el asombro se dio por la manera de utilizar los mecanismos de emisión del sonido, la emoción no pudo ser mayor al conjuro de la más refinada y fascinante dicción de sus arias 'Venere bella' y 'V'adoro pupile'. La belleza serena emanada de una pureza de tono absoluta, con transparencia encantadora (...) Luego, en el tercer acto, el fraseo de Montserrat Caballé para 'Piangerò la sorte mia', con virtuosismo de gran clase, tuvo la fuerza interna y la calidad de timbre que más podían conmover. Delicioso, de verdad". (Joan Arnau). Aquí os dejo el Tu la mia stella sei...


El caballero de la (bellísima) rosa...
Der Rosenkavalier (10/12/84)
"La interpretación de esta ópera desde su estreno no ha pretendido tanto poner al descubierto las costumbres de la aristocracia vienesa del setecientos como encontrar la manera más elegante de mostrar la decadencia de la belleza femenina. Quizá la melancolía en que esta realidad se traduce no esté sólo en el espíritu de la 'Mariscala' y todo 'El caballero de la rosa' sea una deliciosa evocación de un mundo ya pasado y secretamente anhelado por el compositor.

Aunque la 'Mariscala' está ausente de la escena durante todo el segundo acto y parte del tercero, ningún otro personaje de la farsa permanece en la memoria del espectador con tanta fuerza. La melancolía de su acento en el primer acto se proyecta al resto de la obra como una sombra inevitable (...) No cabe duda que Montserrat Caballé ha considerado todos estos aspectos del personaje y su versión tiene la clase y la distinción de la dama que siente íntimamente el paso de su esplendor, sin dramatizar nunca la realidad. Su concepto de la interpretación se basa en la sutileza expresiva, para lo cual ejerce un admirable dominio de la voz, enfocada siempre a la dicción resignada y llena de matices, refinados y elocuentes. Es un criterio de la 'Mariscala' un tanto íntimo, pero totalmente válido". (Joan Arnau

Y PARA FINALIZAR, la última recomendación discográfica del blog, esta vez más reducida, en bloque. He seleccionado 8 grabaciones en directo y las 4 últimas de estudio. 


Semiramide (Aix'80), Ballo (London'81, con Pavarotti, sí, la función que vió 
Freddy Mercury) y Don Carlo (Orange'84, con un bravo Aragall en estado de gracia) 
destacan entre los directos. De la Rosina de Il barbiere ni hablamos (¿divertimento? 
¿osadía suprema? ¿competición de número de roles?). En cuanto a los estudios, sin duda 
Giocondacon otro divertimento final: la Norma de homenaje a Joan Sutherland 
junto a Pavarotti, con "la mejor Norma de la historia" -Stupenda dixit- haciendo el papel 
de Adalgisa (originalmente escrito para soprano). Históricos -por curiosos- los duetos.

Como despedida audiovisual de este blog, y continuando con el protagonista de hoy, il maestro Rossini, os dejo una rendición inigualada del Sombre foret del Guillaume Tell, registrada en 1985 en una simpática gala especial Rossini grabada en los mismísimos jardines y palacios de Versalles, legendaria. En esa velada también estaba presente, of course, la grandísima Marilyn Horne. Un buen testimonio de cómo dejamos vocalmente a la Caballé tras 20 años en el trono de la lírica mundial, habiéndolo cantado TODO.



(PS valenciana final)

Se cierra el círculo. Empezamos en un ya lejano 1955 con la Novena de Beethoven y cerramos de nuevo en Valencia 30 años después, con un recital esta vez. El programa da una idea de lo que estaba por venir. Durante la segunda mitad de los 80's cada vez se prodigaría más en este formato, y los 90's -su década perdida- casi exclusivamente la centraría en ellos. La selección de compositores es buena muestra de lo que cantará la Superba desde 1985 hasta nuestros días.



Y en medio de este prolongado (e inacabado!) período de casi 30 años, es cuando yo tuve la oportunidad de escuchar a la DIVA en directo por vez primera, un 15 de octubre de 1999, en un Gran Teatre del Liceu recién reinaugurado, en formato recital y con infame entrada por cierto...


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