martes, 25 de marzo de 2014

O patria mia (1973, Año IX)

(Post dedicado a Giacomo Aragall, la voz más bella)


Buenos días chic@s, vuelvo con vosotros, más noble y más libre, para dar la bienvenida a 1973, Año IX de la era Caballé-Suriñà, y penúltimo con reseñas originales.

Aunque también podríamos llamarlo el Año I de la sub-era Caballé-Domingo. Si recordáis los post de finales de los 60's, ambos artistas habían coincidido un par o tres de veces hasta 1970, de manera esporádica y siempre fuera de España. Durante 1971-72 no se encontraron, aunque imagino que sus representantes (en este caso, si no voy errado, representante "único", el hermano de la Caballé) ya se habrían dado cuenta del potencial de la pareja y -dado que estos divos tenían las agendas cubiertas con 2-3 años de antelación-, estarían preparando el lanzamiento conjunto.

Porque debéis saber que la leyenda de una de las 3 parejas líricas legendarias de la segunda mitad del siglo XX -recordemos, junto a Callas-Di Stefano y Sutherland-Pavarotti-, se cimentó en un período de 5 años, y tuvo como núcleo geográfico el Gran Teatre del Liceu. Allí empezaron sus noches barcelonesas legendarias, con el Ballo de este año, y allí acabaron también -con enfrentamiento, por cierto-, en L'Africaine de 1977. Pero disfrutemos el ínterin, ¿no os parece?.

Bellísima Amelia...
El año se iniciaba con "una versión definitiva" de Un ballo in maschera, de Verdi:

"Si alguna vez ha sido posible conseguir el perfecto equilibrio y el uniforme nivel ideales, entre los múltiples elementos que concurren al complejo espectáculo llamado ópera, ha sido esta vez en que, cuantos elementos humanos y materiales han participado en la representación de 'Un ballo in maschera', se han fundido en una unidad artística a la que no sabríamos encontrarle un fallo que justificase un reparo". (A. Menéndez Aleyxandre)

Caballé y Domingo ya habían coincidido en un Ballo anterior (MET, 1970), y a pesar de que al iniciarse la sesión se anunció que el tenor padecía una gripe, aquella se desarrolló con un nivel más que digno. 

"Esta obra, en la que Verdi volcó su inspiración, traduciendo en música incomparablemente, la belleza de un amor imposible, sublimizado por la idea de una amistad pura y noble (...) Caballé interpretaba a Amelia, la fiel esposa de Riccardo (Domingo, gobernador apuesto y generoso), quien a pesar del inmenso amor que siente por el mejor amigo de su esposo es capaz de elevar sus sentimientos a la más alta zona con su renuncia, y fue encarnada en una versión magistral...". (Colomer Francés)

"Montserrat Caballé fue, una vez más, la diva indiscutible que se impone con la
aristocrática exquisitez de su arte y de su personal estilo de cantante y actriz"

Como anécdota, decir que Un ballo in maschera es la única ópera de toda la carrera de la Caballé que cantó con Los Tres Tenores, llevándola además a los Big4 opera theatres. Además del mencionado MET (allí también la cantaría con Di Stefano, Bergonzi o Tucker), en 1975 aterrizaría en la Scala con Carreras y finalmente en el '81 en el Covent Garden con Pavarotti. Si le sumamos una actuación con Bergonzi en Viena, ya los tenemos todos. Desde luego, estamos ante uno de sus papeles centrales (lo mantuvo en repertorio 20 años), y aquí si que no se la puede acusar de rehuir a los primeros espadas...

En el resto de mes de enero -y todo febrero-, la Caballé empalmaría dos Normas cruzando el charco por medio (nueva reposición en el Liceu y debut en el MET). Y estando en Nueva York, recibe en marzo de nuevo la visita de Plácido Domingo, esta vez para compartir un Trovatore antológico. Y digo que él la visita a ella -no se me ofendan los... ¿dominguistas?- porque fue la misma Desdemona quien alternó a tres tenores diferentes en aquellas representaciones de la popular obra de Verdi. Junto al tenor madrileño, actuaron como bardos los tenores americanos Richard Tucker y James McCraken.

Una sucinta nota de prensa en el ABC sobre la exitosa Norma del MET,
que tampoco pasó desapercibida para nuestro amigo Jordi Suriñà

Precisamente sobre este debut neoyorquino de la Norma, la prensa local -habría que decir la prensa anglosajona, en general- seguía haciendo hincapié en las supuestas "debilidades dramáticas" de nuestra divaal igual que sucedió con el Don Carlo del año anterior. Sin dejar de alabar nunca sus habilidades vocales ("A show that had some of the buffs talking about the great singers of the past (...) It was a vocal, not a dramatic, show (...) When she sang the 'Casta diva' there was no doubt of the unusual quality of her voice"), el crítico Harold C. Schonberg no dejó pasar la oportunidad de ironizar en su crónica oficial de la velada -Cheers in Norma-, aparecida en la edición del The New York Times del 14 de febrero:

"Miss Caballé and Miss Cossotto represent the arms-outstretched school of acting. Between the two there was more arm-flinging than in an extra-innings baseball game".

Qué majo Harold, ¿verdad? Es lo bueno que tiene contrastar versiones, hablando de ópera... y de la vida. Si nos quedamos sólo con el ABC luego pasa lo que pasa... (hijo, la historia de España léetela en inglés). Pero, a pesar de la ironía, la crítica es eminentemente positiva, tanto al referirse a la actuación global de Caballé como a sus duetos con la egregia Cossotto:

"If Miss Caballé does not act very well, she can act with her voice; and, in opera, vocal emotion can be just as compelling as visual credibility. More compelling, indeed.

(...)

In one respect, this 'Norma' had an aspect that the previous Sutherland-Horne 'Norma' lacked. Radiantly as those two great singers sang the two big duets, their voices were, paradoxically, too well matched. In this new cast, the creamy voice of Miss Cossotto contrasted beautifully with the more vibrato-free, instrumental-like Caballé sound".

Ep! Cachondo, sí, pero sabe un rato de ópera el americano, creedme. Sigamos adelante. Durante el mes de abril, todavía en América, alterna Normas con Trovatores y Traviatas, y en mayo vuelve a aterrizar en Europa, para una serie de representaciones de Norma en el San Carlo di Napoli y un Trovatore conjunto -y triunfante- en la tierra de su marido, Bernabé Martí, como recogían las páginas del Heraldo de Aragón:

"Igualmente extraordinario fue el éxito logrado por Bernabé Martí"

"Montserrat Caballé llegaba casi inmediatamente después de su clamoroso triunfo en Nápoles, con 'Norma', una Norma que al decir de la crítica internacional marca una época en la historia de la interpretación de la célebre ópera de Bellini. Con la Leonora de Il trovatore, la gran diva española alcanzaba otro clamoroso triunfo (...) Una voz de infinita belleza, de una delicada finura que sabe alzarse con la más asombrosa facilidad a una altura trágica cuando el papel lo requiere, o expresar con voluminoso lirismo los sentimientos, los anhelos, el alma de sus personajes". (Joaquín Aranda)

Ya en los meses de verano, con menor ritmo sin duda para recuperar fuerzas, Montserrat tiene tiempo de desplazarse a Marbella para interpretar una Traviata, cantada al alimón con Jaume Aragall y vista por ilustres invitados, como un "jovial" Arturo Rubinstein.

"Cuando se oye cantar a Montserrat Caballé se oye a la verdad"
(Elogio de un crítico norteamericano, mencionado por Caballé en la entrevista)

Y llegamos al inicio de la temporada 1973-74 del Liceu. La ópera elegida fue la Caterina Cornaro, pero antes tuvo tiempo de dar un concierto memorable en el Palau de la Música y conceder una entrevista que desvela uno de los grandes proyectos fracasados en su carrera:

"Montserrat, no te preocupes, porque esto es fácil para tu voz, lo que pasa
es que aún no te lo sabes" (Pau Casals)

- ¿Cuál es su ambición inmediata?
- La 'Tosca' que voy a grabar el día 14 de noviembre, con Karajan, en Berlín, con Luciano Pavarotti y Peter Glossop. Es una grabación que me ilusiona mucho. Tengo una discografía ya bastante amplia; pero siempre me ilusionó muchísimo grabar 'Tosca'. El hecho de que al final se haya realizado, y además con Von Karajan como director, me llena de alegría, y en este momento es mi máxima ilusión.

Pues que lástima de ocasión perdida. Nunca se supo el porqué, pero ese encuentro anunciado por nuestra diva jamás se produjo... Habría que esperar a 1976 para que grabara la Tosca, pero ya sin Karajan ni Pavarotti...

En fin, que tras interpretar El pessebre de Casals, Montserrat continuaba el idilio -desgraciadamente poco frecuentado- con Aragall, a quien el crítico Juan Arnau hacía verdadera justicia al comentar su actuación como Gerardo en la Caterina Cornaro:

"Para Caballé, es el momento de oro de su voz purísima, 
con una dulzura en el timbre y una suavidad envolvente en el color...

"Si digo que Jaime Aragall fue también triunfador brillante será una verdad que para su justa valoración requiere añadir en seguida que el triunfo se consiguió en una particella difícil, con mucho riesgo por la tesitura constantemente aguda y en el mejor de los casos abundante en la zona del pasaje. Pero la victoria había de ser grande, porque Jaime Aragall está en un brillantísimo momento de su carrera, con la voz igualada, potente, rutilante de color y de brillo, alta con proyección, generosa de sonido, tan hermoso como quizá no exista hoy ninguno en el mundo del tenor lírico. Espléndido de fuerza y de colocación en el registro agudo, Jaime Aragall prodigó con acierto la media voz, mantenida con seguridad y permanencia de timbre".


Caterina Cornaro en el Liceu (1973)

Inmediatamente después de estas representaciones del Liceu, la pareja protagonista llevaría la Caterina a París, en versión concierto. De aquella visita es la reseña siguiente, con una foto histórica:

"Je n'ai jamais aussi peu applaudi Montserrat Caballé que dimange soir à Pleyel"

"Qu'importe, dès lors, que 'Caterina Cornaro' ne soit pas du meilleur Donizetti. Caballé chante et trascende tout. Le temps est suspendu". (Marcel Claverie)

"Aux côtes de Montserrat Caballé, son compatriote, le ténor Giaccomo Aragall, qui faisait ses débuts à Paris, a conquis tous les spectateurs par sa présence, la vaillance de sa voix qui rappelle par moments celle de di Stéfano, at par son style tout à fait remarquable". (René Sirvin)


Y para finalizar el año en lo más alto, se produce en el coliseo de La Rambla un traspaso de testigo verdiano, histórico. La Superba, tras una representación "accidentada", renuncia a la Traviata -la última de las tres óperas que componen la trilogia popolare de Verdi, junto a Rigoletto y Trovatore- y la reemplaza por una ópera mayor del compositor de Busseto, la Aida -primera de la trilogía inmortal, junto a Otello y Falstaff-, también acompañada de un tenor mayor: Plácido Domingo. La recreación que ambos cantantes realizaron de esta ópera de madurez de Verdi sería legendaria durante los años siguientes. Y -esta vez sí- dejaron registrada una versión mayor. Lo veremos.

¿Portentosa o "gallo"? Da igual, "ya no la podía cantar como la sentía" y
la retiró de su repertorio. La Superba estaba presta para Aida...

Así pues, llegamos al 29 de diciembre de 1973. Debut de la pareja Caballé-Domingo en la Aida. Gran Teatre del Liceu. Noche de gala, multitud de corresponsales extranjeros acreditados y banda sonora de este post desde sus inicios, como ya habréis imaginado. Mientras escribo estas líneas, Domingo destroza tímpanos -qué potencia, nunca hubo nada igual- con su ¡Sacerdote io resto a te!...

Echemos un vistazo global a la prensa local, y luego desgranaremos las crónicas más interesantes. 

Unanimidad en la prensa local. Esta vez también mía ;-)

Bueno, bueno... ¿por dónde empiezo?! Veamos, introduzcamos primero la obra...


Gran versión de Aida, protagonizada por Montserrat Caballé y Plácido Domingo (Juan Arnau)

"Si exceptuamos la partitura de Falstaff como un perfecto acabado de filigrana musical, quizás no encontraremos en toda la producción de Verdi otra ópera que, como Aida, alcance las sutilezas de color, la finura de conceptos, la diversidad de matices, el concepto romántico y el encanto poético de un lirismo que, a fuerza de ser humano, ha de hacer crisis en el dramatismo que las pasiones de los personajes han ido incubando a lo largo de los dos primeros actos (...) Muy de pasada, pero con intención, acabo de aludir a las dos características fundamentales de la partitura de Aida: lirismo y dramatismo.

La representación del sábado en el Liceo tuvo una imagen decididamente romántica, posiblemente la más bella imagen que en este sentido pueda conseguirse en un teatro de ópera en 1974, sin que por ello se negligiera el sentido dramático que exige casi todo el tercer acto y gran parte del cuarto (...) Aida, en versión de los dos singulares cantantes españoles, es el más encantador, sugestivo y hermoso lujo artístico que pueda desear el exigente aficionado al canto.

Montserrat Caballé es, en rigor de sinceridad, principal contribuyente a esta fastuosidad lírica, porque considerada, admirada su voz en la belleza del color, la suavidad del timbre incisivo y la dulzura de la extensión toda, la facultad de convertirla en instrumento prodigioso nos cautiva y nos envuelve en el sonido flotante -no ingrávido porque el apoyo es magistral- más perfectamente emitido que pueda imaginarse; hermoso hasta el escalofrío...

Bien claro quedó que Plácido Domingo es el Radamés de amplio concepto cantabile que no se deforma ni en los momentos de exigencia temperamental. Más lírica que en otras ocasiones la voz, el estilo de gran cantante, de artista de raza y la musicalidad tan inspirada como infalible, se impusieron para configurar una línea interpretativa irreprochable, generosa de matices y perfecta en el uso de la técnica que conduce siempre el sonido donde mejor los resonadores pueden beneficiarlo". 


Una sensacional 'Aida' en el Liceo... (A. Fernández-Cid)

"Puede ser que lo más encomiable, entre tantos puntos positivos como determina la representación de 'Aida', que es gala de su temporada liceística, surja del hecho mismo de que un espectáculo de este rango se afronte por una empresa privada que, con este reparto, mide sus fuerzas en paralelo nivel a los que aplaudimos en organizaciones multimillonarias en la subvención y el apoyo (...)

Nuestra insigne soprano, 'diva' del mundo y en el momento de oro de su voz, elástica en el repertorio hasta lo inverosímil, consigue hasta el milagro de llevarnos a su estilo expresivo, de fraseo y 'tempi', de concepto 'cantabile', incluso cuando podemos no sentirnos del todo afines (...) El timbre, el 'legato', el matiz, la dulzura y delicadeza, la afinación purísima, el asombro de la técnica, suscitan no ya la ovación arrolladora de rúbrica: el murmullo embelesado, irreprimible en algunos momentos.

Plácido Domingo, uno de los grandísimos tenores del presente -¿lírico de ancho cuerpo sonoro?, ¿spinto?- hace un Radamés de la primera condición (...) musical, sin mengua de la plenitud vocal llena, preciosa de color.

Pasadas las dos de la madrugada seguía la última ovación de más de quince minutos, después de las interminables anteriores. Y la salida morosa tuvo el calor de un comentario de unánime y justificado entusiasmo".


La mejor 'Aida' que recordamos haber aplaudido nunca en Barcelona (X. Montsalvatge)

"Alguien ha dicho, con absoluta justeza, que la antepenúltima ópera de Verdi, a pesar de sus efectos visuales, del montaje escenográfico y de su apoteósica escena triunfal del segundo acto -el momento más multitudinario y fastuoso de toda la obra-, la popular 'Aida' es intrínsecamente una ópera íntima (...)

Anoche el éxito invariable de 'Aida' fue auténtico y grande desde todos los puntos de vista, aunque indudablemente lo incrementó de forma decisiva las peculiaridades de la interpretación y en especial el hecho de que Montserrat Caballé, por primera vez, asumiera el papel protagonista de la princesa etíope (...)

Montserrat Caballé acaba de añadir un nuevo título a su repertorio y no es arriesgado afirmar que este enriquecimiento de su experiencia le proporcionará muchos triunfos (...) En un dominio absoluto de facultades, segura en la emisión y en la manera de expresarse dramáticamente, acaba de maravillarnos desde el principio al final de la obra. El vigor y la penetración psicológica, que son el nervio del papel de Aida, ha sido traducido por la Caballé con un ímpetu y una tensión insuperables...

No menor ha sido el triunfo de Plácido Domingo, definitivo ya desde las estrofas iniciales de 'Celeste Aida' (...) Tiene en la voz esta densidad tan rara de encontrar en un tenor. Voz llameante a veces, grávida de emoción, de un timbre soberbio, dominada con una sensibilidad de verdadero músico (...)

No es necesario vociferar como en un campo de fútbol para afirmar ostensiblemente una realidad como la que acabamos de constatar: la de esta 'Aida' que nos atrevemos a afirmar que es la mejor que se ha cantado en el Liceo desde que tenemos consciencia..."


Foto entre bambalinas al finalizar una noche antológica...
La pareja protagonista junto al alcalde de Barcelona y Bianca Berini 
(Amneris, de quien no he dicho nada pero que está sublime)

Chic@s... esto se acaba... No añado nada a las crónicas de la época porque me he quedado sin habla. Sabed únicamente que esta versión de Aida la he escuchado... ¡cuatro veces! durante esta semana. No recuerdo una actuación mejor de Caballé y Domingo juntos, jamás (si exceptuamos las Vísperas del Liceu de 1974, claro...). Los duelos son de muchísima altura, madre mía. ¡Cómo empastaban las dos voces!! E insisto con lo del 'Sacerdote io resto a te' de Radamés-Domingo porque acaba de sonar otra vez... ¡En vivo tuvo que ser escalofriante! Empiezo a entender lo de su leyenda... Incluso me estoy replanteando mi "verdad absoluta" de que LA ópera de Verdi era el Don Carlo... La vida también es rectificar...

Así que, mientras yo reflexiono y llega 1974, os dejo con la recomendación discográfica.

Un Ballo de inicio de temporada

Los Trovatores de Caballé-Domingo fueron legendarios

Gran confrontación entre reginas...

La pareja poco pródiga en París, antológica grabación

O patria mia... nunca se cantó igual, escuchadla


Y una Bohème de estudio que no pasó de anecdótica, divertimento de divos... un caprice des dieux.

Final del acto I; lo mejor del disco el contraste de voces

(PS única: homenaje sincero a Jaume Aragall)



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