miércoles, 18 de diciembre de 2013

El sacerdote del templo

"El sacerdote de este templo y dueño del restaurante es Jordi Suriñà, amigo personal de Montserrat Caballé y coleccionista de todas las reseñas y críticas que se han hecho sobre ella, que conserva en abultados álbumes. Mediados los años sesenta, este señor Suriñà no era aún un gran restaurador; tenía una empresa de bisutería y complementos de moda especializada en alta costura, y su admiración por la primeriza cantante, que acababa de deslumbrar al Carnegie Hall sustituyendo a la oportunamente indispuesta Marilyn Horne, le llevó a confeccionar para ella unas joyas gratis et amore, ars gratia artis, sólo por amor al arte. Así la conoció, trabaron amistad y desde entonces y durante décadas se encargó de sus joyas y sus vestidos. Suriñà tuvo el enorme privilegio, incomparable para los aficionados al bel canto como él, de acompañar a la diva por todos los teatros de ópera del mundo colaborando en sus éxitos y disfrutando entre bastidores de sus interpretaciones".

HE QUERIDO que las primeras palabras que escribo en este "mi primer post de mi primer blog" sean citadas. Ello, además de ser toda una declaración de principios, me ha ayudado enormemente a describir de manera sintética a este personaje tan atractivo, generoso, poliédrico y lleno de vida que siempre fue Jordi Suriñà. Las escribió en 2006 el periodista Ignacio Vidal-Folch en el diario El País, en su artículo titulado “El ciclista del capitel”, tras una visita al legendario restaurante-templo Sant Jordi de Canet de Mar, la cual, según su propias palabras, “fue como volver a principios del siglo XX”.



Con este blog pretendo rendir un humilde pero muy sentido doble homenaje: a la DIVA, por supuesto -para mí, sin duda, la mejor soprano de la historia-, pero sobre todo al AMIGO, precisamente dando a conocer una pequeña selección de algunas de esas reseñas incluidas en los (ocho) “abultados tomos” de la colección personal de Jordi, colección que tuvo la gentileza de regalarme poco antes de fallecer. Ellas me ayudarán a trazar mi personal visión de la que fue la 'Década prodigiosa" de la soprano barcelonesa, aquella comprendida entre el "overnight success" -en palabras de Marilyn Horne- de su debut en Nueva York con la Lucrezia Borgia el 20 de abril de 1965 y la mítica Norma de Orange el 20 de julio de 1974 ("la mejor representación grabada que sobre mí existe", en palabras de la propia Caballé). A continuación os anticipo la primera y última reseñas de la colección, de 1965 y 1974, respectivamente.

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Como curiosidad, ese año 1974 nuestra soprano lo inició y lo finalizó en el Liceu en sendas óperas de Verdi -la Aida y las Vísperas sicilianasjunto al incombustible Plácido Domingo. En ambas se encuentra para mí la cúspide artística de una de las parejas míticas de la historia de la ópera (al nivel de aquellas de Callas-di Stefano o Sutherland-Pavarotti), y las dos fueron ricas en anecdotario... en su momento volveremos a ellas. 

Durante muchos años, la Caballé nunca faltó a su cita navideña con el coliseo de La Rambla, lo que le permitía pasar las fechas en familia y celebrar al menos una reunión anual en el Sant Jordi. En 1975 se inicia la segunda década de Montserrat Caballé en lo más alto del pedestal lírico mundial. Si tuviera que poner fecha final a estos 20 años centrales de su carrera, sin duda elegiría el 13 de julio de 1984, noche del memorable Don Carlo de Orange (de nuevo Francia... en el país vecino la "adoraban") junto a Jaume Aragall. Ninguna otra soprano, ni siquiera la Callas (apenas 10 años al máximo nivel, 1949-58), puede compararse –ni en tiempo sobre los escenarios, ni en extensión de repertorio- a la Caballé. Sin duda este último aspecto -el hecho de haber representado más de 80 papeles a lo largo de su carrera- unido a una salud siempre delicada, hizo que a partir de 1985 tanto su voz como su resistencia física empezaran a flaquear. Es ese año cuando cambia radicalmente el repertorio de la SuperbaLa Tosca del MET junto a Luciano Pavarotti en 1985 podría ser perfectamente el punto de partida de la tercera y última fase, todavía en curso por lo que parece, de nuestra diva.



A partir de los próximos posts repasaremos, a través de las crónicas de Jordi Suriñà, todos y cada uno de esos "soberbios" 10 años, reuniendo en síntesis lo dicho por los críticos junto a las innumerables anécdotas contadas por Jordi en las prolongadas sobremesas de su restaurante de Canet. Completaremos cada entrada con una selección de las 5 mejores óperas del año respectivo, lógicamente bajo mi criterio de amante -en absoluto experto- de la ópera en general, y en particular de las actuaciones en directo de Montserrat Caballé, de las cuales poseo no menos de 150 grabaciones (“through the magic of bootlegging”, como decía Springsteen a finales de los 70’s ;-).

OS DEJO con una foto entrañable de esas sobremesas en el Sant Jordi, nuestro AMIGO en el centro, rodeado de familia, amigos y chicas guapas. 




Jordi, fue un placer conocerte, escucharte y compartir contigo tantos y tan buenos momentos. Al igual que a Vidal-Folch, para mí entrar en tu restaurante significaba tocar el cielo, literalmente. Nunca se me olvidará aquella velada en la que pusiste en tu reproductor la grabación radiofónica de la Bohème del Liceu junto a Luciano... cómo te gustaban las "a's" de Pavarotti a todo pulmón... Muchas gracias por todo. 

Desgraciadamente me encontraba de viaje en Francia cuando te fuiste, así que no pude comprobar si viste cumplido tu último sueño… En cualquier caso, ahí va mi sentido homenaje en vídeo, tu Poveri fiori... en la "versión de versiones": Tokyo 1976 con Josep Carreras.

Poveri fiori (Adriana Lecouvreur, Tokyo 1976)

Salud y Música amig@s!

(PS: en el próximo post haremos una visita virtual al Sant Jordi de Canet a través de fotos tomadas por mí, y esbozaremos cuáles fueron las 3 etapas de la carrera de la Superba, con sus principales puntos álgidos)

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